Adios Hoyts, hola Reescrituras.

Este ha sido el primer blog que he tenido con el objetivo de explotar un gran placer mío que es el de escribir. Pero la vida siempre nos empuja y las etapas se sustituyen torpemente. Estoy orgulloso de este blog y por eso pido a cualquiera que me haya leído que lo siga haciendo en el nuevo proyecto que cree en conjunto con unos amigos, con los mismos temas y propósitos que éste pero con mayor diversidad y, si todo va bien, continuidad.

http://reescritura.wordpress.com/

Gracias a todos!

Me inscribo en esta puta falta. Idiota e insalubre innata sensación de vacío. Falta que ya no es falta. Agujero sin restos, suplente sin titular, estupidez humana, insoportable cosquilleo que pica y pica y pica y pica.

Horrenda sensación de que falta lo que falta ¿Qué falta? nada y todo falta.

 

Divinos los momentos donde me rompen el aislamiento a cachetadas. Hermosos instantes donde el contacto del otro y de lo otro despeja esa estúpida tormenta que ya es costumbre. Soñados esos segundos de descanso de ese eterno infierno que pintó Dante. Agradecidos los besos y abrazos de ese amor que, ante todo, consuela.

Absurdo.

Ciego y loco hacia el sol, en ese eterno campo, hacia eso que es sueño, canto.

Vives y sueñas el trabajoso rotar de los planetas.

Maravilloso amoroso doliente y terrible ser.

Dices ser quien el Egeo violó impune

quien al Vesubio se arrojó

tú, insolente

que desprecias el centellear de infinitos cielos,

como breves pulsos

que empiezan terminan

todos ante tu absurda potencia.

A ti, loco, te rezo.

El dios sin Dios

Muchas son las posturas o corrientes que giran en torno a la existencia o no de una (o más) divinidad. Podemos agrupar cada una de ellas en diferentes grupos, siguiendo distintos parámetros; o incluso podemos distinguir, dentro de cada una, ciertas variaciones o subgrupos que, si bien comparten una base general, luego siguen caminos alejados entre sí.

De esta manera, podemos mencionar las “posturas” más conocidas: el ateísmo, el agnosticismo, las distintas religiones, el deísmo, etc. Como dijimos, podemos analizar cada uno y ver, desde este o aquel aspecto, ciertas similitudes. Sin embargo, hay una concepción o forma de ver el mundo que, a mi modo de entender, es sumamente particular (y que hasta ahora no he nombrado). ¿Cuál es? El panteísmo.

Hay que reconocer, primero, que el panteísmo no posee demasiados adeptos, si lo comparamos con las otras visiones del mundo (especialmente las religiones) –Albert Einstein fue, posiblemente, el más famoso partidario de esta corriente en el último siglo-. Tal vez este sea el motivo (¿o justamente en el sentido inverso?) de que su doctrina no esté tan difundida, o no se sepa con precisión qué es lo que defiende. Repasemos, entonces, cuál es su significado. La última versión de la R. A. E. ofrece esta única acepción:

Panteísmo: Sistema de quienes creen que la totalidad del universo es el único Dios.

Hay varias cosas para destacar. Primero, es importante entender al panteísmo como un modo de ver el mundo, como un sistema filosófico; pero no como una religión. La religión implica: dogmas, sentimiento de amor y temor hacia el dios, normas para la conducta, y ritos de adoración. Es decir, nada más alejado al panteísmo.

Por otro lado, uno de los elementos que más me llama la atención (y que por otro lado más atrayente la hace) de este sistema es el hecho de que cree en un dios o ser supremo, sin que de ello se derive necesariamente la creencia en divinidades no-físicas, o en un “más allá”. No hace falta creer en nada “especial”, en ningún sujeto misterioso o superior a la realidad; el dios del panteísmo es “evidente”.  Por todo esto, es una postura netamente materialista.

En este sentido, ninguna religión que yo conozca, y ningún tipo de deísmo o teísmo se le parece. El pensar a la totalidad de la materia y la energía como una única cosa, como un único ser, que vive y se manifiesta de y en diferentes maneras (más pequeñas, por supuesto), es completamente distinto a creer en el dios judeocristiano, por ejemplo.

Últimamente había asociado, de manera casi inmediata, a este sistema con una de las cualidades que se le atribuye al dios cristiano: la omnipresencia. Visto de una manera muy general, no parece demasiado raro confundir estos términos. Pero si uno se detiene a compararlos (y no hace falta ser un genio para darse cuenta), la distancia entre uno y otro es considerable.

La omnipresencia es la “presencia a la vez en todas partes”. Siguiendo la tradición cristiana, Dios es omnipresente dentro de la creación (su creación). Está, simultáneamente, presente en cada punto del universo; pero al mismo tiempo no está determinado o limitado a ningún objeto o lugar (porque además es infinito). En el panteísmo nada de esto está presente; no hay ningún creador, porque no hay diferencia entre creador y creación. El universo existe y ése es el máximo ser. Dios no está en todo: dios es todo, y todo es dios. Sobre su origen no se dice concretamente nada (al menos, remitiéndonos a la definición).

Entonces, ¿qué es dios para los panteístas? La totalidad del universo. ¿Cuáles son sus cualidades, sus atribuciones? No está muy claro esto, aunque podría entendérselo como a un ser físico o natural cuyas “partes” u “órganos” son cada grano de materia y energía existente. Lo más llamativo de todo esto reside, entonces, en el creer en un dios sin Dios.

NGC 3372

La bivocalidad en la traición de Rita Hayworth.

En la facultad nos pidieron realizar un análisis de la primera novela de Puig (absolutamente recomendada) desde los conceptos claves que Bajtín desarrolla en “Problemas de la poética de Dostoievski“. Luego de múltiples tasas de café e innumerables puteadas, he aquí lo que resultó:

En la novela de Puig se da la presencia de personajes que, en términos de Bajtin, son ideólogos. Es decir, cargan con una ideología o cosmovisión determinada. No son objetos o herramientas del autor, ni tampoco una extensión de su discurso. Son sujetos independientes y autónomos, con conciencias desarrolladas y que muchas veces generan choques o dialogismo entre ellas. Esta novela es propicia a la aparición de la polifonía y la bivocalidad.

puig

Manuel Puig.

Berto es un ejemplo de este tipo de personaje. Su voz no tiene gran participación en la novela hasta el último capítulo, en el cual se narra la carta que él escribe a su hermano pero que rompe antes de entregarla. Voy a analizar la bivocalidad en esta carta y los fenómenos concretos que Bajtin nombra, en este caso, diálogo oculto [1] y polémica oculta [2].

En la carta se da una relación dialógica entre la voz de Berto y la voz del hermano de Berto, en el último capítulo de la novela. Voy a analizar mínimamente como se da la evolución de esta relación.

Durante toda la carta, Berto manifiesta dos tonos principales que se alternan constantemente, y se oponen. El primero es un tono de reproche o crítica hacia la cosmovisión y forma de ser de su hermano (es decir, de polémica), y sus acciones respecto a él, que lo han perjudicado y lo siguen perjudicando. El otro tono es un tono de subordinación o pasividad respecto a la autoridad de la voz del hermano (que es el hermano mayor), que procura desestimar o menospreciar el primer tono.

La voz de Berto se encuentra siempre entre uno y otro tono, entre la afirmación de la crítica o la subordinación. Esto se ve claramente en este enunciado: “Yo no te lo conté antes porque, para que te iba a dar malas noticias, y a lo mejor tampoco te interesaba, que te importa que yo reviente. Te lo digo en broma, no me hagas caso.” El primer enunciado muestra muy claramente el tono de reproche hacia las actitudes del hermano, y el segundo, el tono de resignación o pasividad. En este enunciado se ve claramente la presencia de la voz del hermano de Berto en el discurso de Berto, es decir, la bivocalidad. Berto realiza lo que Bajtin llama: “anticipar la réplica del otro”, es decir, se imagina la posible respuesta del hermano (en este caso, de ofendido o enojado por el comentario) y responde a esta respuesta antes de que surja. En este anticipar, tener presente a la conciencia del otro, se manifiesta la bivocalidad.

Dicha bivocalidad y fuerte influencia de la conciencia del hermano de Berto en Berto se ve muy presente en este enunciado: “Vos dirás que yo hago mal en darle importancia a lo que diga la tilinga esa, pero es que Mita la tendría que haber parado en seco y mandarla a la mierda, y no le dijo nada, estaba callada y casi le daba la razón”. Es notable que nosotros podemos leer esa parte del discurso en forma de diálogo:

Hermano de Berto: Haces mal en darle importancia a lo que diga la tilinga esa.

Berto: Pero es que Mita… etc.

Este procedimiento, que Bajtin hace constantemente, sirve para ver claramente la presencia de la voz del hermano de Berto en la de Berto.

A medida que el discurso avanza, si bien seguimos viendo la presencia del tono de subordinación, el tono de reproche comienza a ganar mayor fuerza. Esto se ve en el siguiente párrafo: “Que lástima haber dejado el colegio hace quince años, eso nunca comprendí como pudiste decidirlo. Si necesitabas ayuda en la fábrica te podrías haber conseguido cualquier muchacho de confianza ¿Qué necesidad había de que me sacaras de la escuela, simplemente porque necesitabas alguien de confianza con vos? No, Jaime, eso nunca pude comprenderlo, cómo pudiste sacarme antes del colegio, antes de que pudiera hacerme de algún arma para luchar en la vida. Y después se te ocurrió vender la fábrica e irte a Buenos Aires. Y te fuiste. La cuestión es que el señor haga su gusto, y siempre has hecho lo que has querido.”

Sin embargo, luego de haber manifestado fuertemente la polémica, Berto vuelve a suavizar el tono diciendo: “Bueno, para que hablar de pleitos perdidos, ya es tarde ahora, no tiene arreglo”.

Hacia el final se termina de reafirmar la polémica, el quiebre entre ambas voces dentro de la conciencia de Berto: “Pero te cuento todo esto para que tengas mis noticias, aunque sean malas ¿no esperas carta mía? ¿No te importa recibir mis noticias? ¿Verdad? Si no te importó sacarme del colegio cuando era chico (…) trato de pensar que sos lo único que tengo, mi hermano mayor, lo único que me queda, y vos también tendrás tus razones por todo lo que hiciste, pero por más que trato no te puedo perdonar, Jaime, no te puedo perdonar, maldito sea tu egoísmo y malditas todas las putas que sigo por la calle. Esta carta va al tacho de basura, para vos no pienso gastar un centavo en estampillas”.

Si bien hay una última presencia del tono pasivo, hacia el final la ruptura se reafirma. Sin embargo, esto no indica que el dialogismo entre ambas voces se haya cerrado. La conciencia de Berto, así como la conciencia de los héroes de Dostoievski, no se termina de cerrar, sino que la novela concluye y su conciencia termina abierta. Esto se ve en el hecho de que, si se hubiera cerrado, su discurso se hubiera tornado monológico, y ya no veríamos la presencia de la voz del hermano en él. La ruptura de la carta simboliza la reafirmación de la polémica, no la clausura del dialogismo.

[1] Bajtín define el diálogo oculto como aquel fenómeno por el cual se nota el diálogo, intercambio o réplica entre dos ideologías, pero presentes en una misma voz, en un mismo discurso, y no en forma de diálogo explícito.

[2] La polémica será, al igual que el diálogo, la oposición o choque entre dos ideologías que no se manifiesta en forma de diálogo sino en una sola voz. En ambos casos advertimos la presencia de una segunda voz en el discurso de un personaje, una voz que no le pertenece, la voz del otro.

"Y planeando por sobre todos ellos la amenaza en la pantalla plateada de una Rita Hayworth mítica, traicionera beldad de adoradores incautos."

“Y planeando por sobre todos ellos la amenaza en la pantalla plateada de una Rita Hayworth mítica, traicionera beldad de adoradores incautos.”

Sobre la asociación crítica, y Bajtín.

En la pequeña localidad de Coronel Vallejos, a cuatro horas de Buenos Aires, en 1935, un chico entraba por primera vez a una sala de cine. El primer espanto que le generó la oscuridad de la sala fue recién superado un año más tarde. En 1936, viendo el filme desde la sala de proyección, Manuel Puig abrió los ojos a la ficción.

En 1936, a los 41 años, Mijaíl Bajtín piensa en Yakov Petrovich Goliadkin, quien vive en la ilimitada espesura de su mente. En Saransk, su mente fatigada puede descansar con tranquilidad.

La crítica literaria parte de la lectura. La lectura es el espacio en el cual se encuentran, así como dos desconocidos se encuentran y en sus almas contemplan la realización de un amor postergado, un texto y una idea. La lectura corretea devorando páginas, hasta que, en un súbito y misterioso momento, dicho encuentro ocurre. Una imagen que genera una sensación que genera una asociación que genera sentido.

Cuando leemos la primer novela de Manuel Puig, nuestra mente horrorizada y obsesionada contempla la lúgubre realidad a la que Toto escapa. Pero además, ella construye ese espacio de encuentro. En este caso, en él se encuentran ese chico que temía a la sala de cine, y ese hombre que dialoga con los personajes en su mente. El encuentro es inesperado, casi como una cachetada.

Si nosotros leemos literatura y teoría literaria, y no buscamos forzar los vínculos, ni adecuar una a la otra, este contacto, construcción instantánea de un espacio inmaterial, estalla en nuestra cabeza. Ahora mismo, los personajes de Puig con su inacabable profundidad se vincularon con las abstractas ideas de Bajtín respecto a la manifestación literaria de la bivocalidad.

Lo que planteó el ruso en Problemas de la poética de Dostoievski es que este autor culminó una etapa de la evolución de la novela europea, cuya desarrollo comenzó, según Bajtín, con los Diálogos Platónicos. Las novelas de Dostoievski se caracterizan por formular personajes que son verdaderos ideólogos, no simples objetos del autor.

Mijaíl Bajtín.

Mijaíl Bajtín.

Las novelas de esta nueva etapa fueron bautizadas por Bajtín con el nombre de novelas polifónicas. El término deriva de la música y su significado es transparente: muchas voces. En la novela de Dostoievski hay muchas voces. Se contrapone esto a la novela monológica, aquella en la cual solo advertimos una voz. Al hablar de voz, me refiero a la voz de un personaje que posee una cosmovisión particular, y que por lo tanto no puede ser considerado otra cosa que un sujeto.

En las novelas polifónicas advertimos el encuentro de una pluralidad de cosmovisiones. Cada personaje, si bien creación ficcional de un autor, posee una independencia ideológica propia. Cada personaje habla, y al hablar denota el contexto en el cual su conciencia se ha formado y sus miedos, obsesiones, creencias y realidades. Ninguno de estos personajes se somete ante el autor, ni es una extensión de la mente de este, sino que se libera de él, vive.

Con Dostoievski, lejos están los tiempos de la tradición heroica, en la que todo personaje era una extensión de una sola cosmovisión, fundada en las bases de una colectividad y generalizada a todo individuo. Nunca hasta Dostoievski hubo una reivindicación tan fuerte de la individualidad y la libertad. Ya no hay un autor que controle los hilos, ni hay personajes que sean marionetas de ese autor. Hay conciencias en constante contacto, lucha, influencia, evolución y contradicción.

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Fiódor Dostoyevski.

En la próxima entrada hablaré de este fenómeno de la polifonía en la novela de Puig. Es decir, como en La traición de Rita Hayworth se puede apreciar esta nueva libertad avasallante, estas individualidades que se encuentran en un universo ficcional roto y heterogéneo.

La filosofía del Perro

Diógenes de Sinope, también llamado “el cínico” o “el perro” fue un popular y extravagante filósofo de la antigüedad griega. Nació a fines del siglo V antes de Cristo y vivió unos noventa años. La única fuente que se tiene acerca de su vida es la de Diógenes Laercio, erudito del siglo III  d. C. que reunió en su conocida obra Vidas y opiniones de los filósofos ilustres una numerosa cantidad de historias y anécdotas sobre distintos personajes. Más allá de la veracidad (muy cuestionada) de lo narrado por el historiador, lo importante aquí es el concebir a Diógenes como un personaje, que piensa y vive de determinada manera, y reacciona ante cierto orden; independientemente de si las anécdotas son ficticias o históricas. A propósito de esto, Carlos García Gual (traductor de la obra de Diógenes Laercio) sostiene en su La secta del perro:

Nunca la anécdota cobró tanto sentido, y nunca un pensamiento se expresó tan claramente mediante las anécdotas; son como petardos que el terrorismo intelectual del cínico coloca al pie de los monumentales sistemas ideológicos, quiebros ágiles contra la seriedad fantasmal de la opinión dominante, muecas un tanto de payaso, oportunas e inteligentes para desenmascarar esa aparatosa seriedad de las ideas solemnes y las convenciones cívicas.

Fue contemporáneo, entre otros, de Platón (quien lo llama un “Sócrates enloquecido”), Aristóteles y Alejandro Magno. A su vez, se señala a Antístenes –quien, por su parte, tuvo contacto con la filosofía de Sócrates y Gorgias– como su maestro o referente.

Siguiendo a García Gual, es preciso indicar que las polis griegas descansaban sobre dos pilares: el pudor (o decencia) y la justicia. Si todos los ciudadanos participaban de esos valores, y guiaban su conducta en base a ellos, la convivencia cívica era posible. Platón mismo sostenía justamente que la sociedad y sus convenciones descansaban sobre las mencionadas virtudes.

El pensamiento de Diógenes es sumamente crítico y extremista. Lo que el cínico cuestionaba era principalmente la civilización, y los valores o normas convencionales vigentes en su época. Consideraba que, a causa de éstas, el hombre es corrompido: el trabajo y la hipocresía lo esclavizan, la rutina lo aliena, la vida en sociedad lo debilita y los avances culturales o preocupaciones cívicas (los bienes, por ejemplo) lo vuelven dependiente.

Por lo tanto, la actitud y forma de vida que llevaba estaba muy alejada a la habitual: no tenía casa, por lo que vivía deambulando, como un vagabundo; comía con las manos y torpemente lo que encontraba o le daban (D. Laercio dice que murió al comerse un pulpo vivo); se revolcaba en el piso, y se masturbaba en público; andaba semidesnudo. Con respecto al resto de las personas, solía dirigirse de forma agresiva, provocadora o burlona a quienes consideraba hipócritas; no respetaba ni consideraba superior a nadie; y no participaba de la vida comunitaria. Como vemos, su vida representaba la antítesis de lo que un griego podría llamar buen gusto, pudor o decencia.

Si uno se detiene por un momento y se queda sólo con la primera descripción, la acorde a su pensamiento y concepción del hombre, podría juzgar de anarquista, rebelde o subversivo al personaje en cuestión. Si, en cambio, elige exclusivamente la segunda, es decir la que refiere a su conducta, hablaría lisa y llanamente de un loco o degenerado.

Pero al sumar las dos obtenemos un resultado nuevo, y un personaje completo. No sólo es alguien que critica, sino que vive de manera coherente con su pensamiento; y no sólo vive como perro, sino que tiene una fundamentación para tal conducta. Podemos estar o no de acuerdo con su filosofía, o podemos pensar que, más allá de cualquier justificación, su forma de vida sigue siendo inaceptable; pero lo que es innegable es su valentía y autenticidad.


diogenes

Según la anécdota, Alejandro habría ofrecido a Diógenes que le pidiera cualquier cosa que quisiera, a lo que el cínico habría respondido, indiferente, “no me hagas sombra”.


Ahora bien, ¿qué es lo que busca con todo esto?, o ¿qué propone en reemplazo de lo que cuestiona? Su objetivo es lograr una revalorización de los hábitos y normas, que conduzcan al hombre a la libertad. Para ello, es necesario un duro entrenamiento, un sometimiento que tenga como fin fortalecer la voluntad y la sobriedad. Evitar los lujos o comodidades, vivir alejado de la civilización y acercarse lo más posible al lado animal del hombre, constituyen un buen método para lo que en esencia es una vida ascética.

Dicha ascesis se logra, como vemos, mediante la razón, ya que el instinto no rige la conducta de los hombres (a diferencia de los animales, a los cuales tiene, en cierta medida, como modelos a seguir). Vale aclarar que esta forma de vida no equivale a la posterior ascesis cristiana; la diferencia entre ambas reside en que esta última evita los lujos por pecaminosos, mientras que la cínica lo hace por dañinos e innecesarios.

¿Es conveniente esta forma de vida? Diógenes destaca que las ventajas de su particular existencia consisten en una mejor capacidad de adaptación o superación de situaciones inesperadas e incómodas; y la facultad de vivir de forma independiente del resto.

Insistimos, finalmente, en que sólo nos interesa tomar a Diógenes como un personaje, ya sea ficticio o real, inserto en un contexto socio-histórico determinado; para centrarnos en sus excentricidades, sus planteos, las anécdotas más curiosas, su modo de vida, y, en definitiva, su filosofía.

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