Abismo.

Mi vieja es profesora de secundario. Hace unos meses, uno de sus estudiantes (de 15 años) murió en un accidente, por estar manejando un cuatriciclo con un amigo en una playa. Mi vieja escribió esto para él y para todos:

Me pregunto en que momento dejamos de sentirnos responsables. En que momento dejamos de ver que nuestras acciones impactan en el otro. En que momento dejó de importarnos. Cuando empezamos a creer que el que está al alcance de nuestros gestos, de nuestras palabras, de nuestras miradas, no existe, es un holograma ineficaz, una molestia virtual, una irrealidad criticable y juzgable pero nunca vulnerable. En que oscuro momento nos volvimos inimputables. En que mórbido instante por alteraciones en la percepción de la realidad o, lo que es aun peor, autoconvencimiento suicida, perdimos contacto con nuestro costado mas humano.

No lo se, pero hoy, esta vez,  en un abismo oscuro, absurdo e inexplicable, la verdad se vistió de dolor, se hizo visible, ferozmente real y adoptó un nombre, un rostro, un recuerdo, un final.

Y nos guste o no, somos todos responsables. No se pasa por la vida de alguien en puntas de pie, no. Eso no es humano. Humano es dejar huellas, marcas, cicatrices. Humano es cambiar y ser cambiado por la contundencia del otro. Humano es el dolor, la lucha y la esperanza, la oportunidad, el sueño y la palabra.

Somos todos responsables, aunque nos duela, de cada muerto por la indiferencia, el abandono y la ausencia. No descarrilamos trenes, no incendiamos discos, no volamos edificios, ni empujamos al abismo un cuatriciclo, pero no hemos entendido aun el significado profundo de estar vivo, y la responsabilidad que implica amar la vida, la nuestra, la de ellos, la de todos. Son los muertos de nuestra inconciencia colectiva e individual los que se han ido, los que deberían aun estar entre nosotros, casi siempre jóvenes… nuestros.

Llamen a esto remordimiento, culpa, sensibilidad. Personalmente prefiero llamarlo responsabilidad, la que me cabe, la que asumo plenamente. Luchar por esto, luchar por asumirlo, luchar contra la indiferencia y la ausencia:  un compromiso. Y mientras tanto, espero que puedan perdonarnos, los muertos de nuestra inconsistencia.

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Nunca hay que dejar de pensar, siempre hay que evitar el abismo.

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Acerca de Franco
Estudio Letras. Soy amante del cine y escribo sobre las películas que veo, cosas que leo, y sobre otros asuntos. Si te gusta el blog, sentite invitado a comentar.

2 Responses to Abismo.

  1. Sofía says:

    Y tenemos que trabajar en esa indiferencia que hemos alimentado hacia con todos: vecinos, compañeros, algunos familiares, etc… porque sino las próximas generaciones no tendrán manera de cerrar el abismo, y más estarían cerrando sus posibilidades a mejor estilo de vida. Tal vez un buen remedio es detectar las actividades que disfrutamos e incluirlas a nuestra rutina… procurando integrar a alguien con quien hayamos sido indiferentes.

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