Análisis: La Grande Belleza (2013): posmodernidad y vacío.

A decir verdad, viendo las nominadas al Oscar me he llevado algunas decepciones. Her y American Hustle han sido películas entrañables, que plantean problemáticas de la moral interesantes y cuyo potencial es enorme. Sin embargo me han dejado un sabor amargo -y ni hablar del Lobo de Wallstreet.

Distinto me ocurrió al ver La Grande Belleza. Desconocía la obra de Sorrentino, pero habiendo escuchado tantos comentarios positivos tenía que echarle un vistazo.

Paolo Sorrentino.

Paolo Sorrentino.

El director nos presenta una obra ciertamente anormal, de una estructura compleja, con matices poco comunes, un modelo de personaje principal casi desconocido y una intención que se podría juzgar como ambiciosa.

La trama narrativa es simple, o por lo menos, no es compleja. En esta homogeneidad yace su extrañeza: la falta de linealidad es una herramienta casi desconocida por el público de hoy. La cámara de Sorrentino funciona como un medio de proyección de la experiencia y conciencia de un escritor relajado y vicioso, cuyo escenario de existencia es una hermosa Roma contemporánea pero con una estética pluritemporal. El director hace desaparecer su cámara mientras nos sumerge en la mente de este hombre.

La posmodernidad se puede definir, en estas circunstancias -y violentando la naturaleza del concepto- como una categoría del ser presente en la humanidad contemporánea. También es un principio de análisis en tanto nos permite estudiar el consciente colectivo y social. Al ser una esfera moral y cultural, la mentalidad posmoderna se hace presente en diversos filmes -Her plantea varias problemáticas propias de la posmodernidad.

Esto es relevante porque el filme en cuestión es un excelente sumario de los fantasmas, rupturas, desconciertos e ironías de la cultura y sociedad actual, y representa su más nueva corrupción: el desinterés.

Jep Gambardella es el paradigma ficticio del hombre posmoderno. Se ríe irónicamente de sus fracasos y de su vida vacía y superficial, pero no la ignora. Lejos de encontrarnos en un estado de inocencia -que hace tiempo hemos matado- conocemos (así como Jep) nuestros defectos y nuestra decadencia, y ya no intentamos eliminarla como trataron de hacer otros – quienes construyeron utopías imaginarias que resultaron en catástrofes. Nosotros abrazamos nuestra ineptitud, nos apropiamos del vacío de nuestra alma.

Jep se ríe irónicamente de una Roma que se destruye noche tras noche; lo hace de sus compañeros que viven lo efímero y buscan el placer; se mofa de su propia insustancialidad: no se desespera, no busca una solución pues sabe que no la hay. Ante la última de las decepciones solo queda reír, observar este vacío y no llorarlo, sumergirnos en él y desentendernos de todo sufrimiento.

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El personaje de Toni Servillo es un tipo cool. Es amado por sus compañeros, deseado por las mujeres, respetado por la misma Roma. Su actitud carga siempre con una buena onda inherente e injustificada: una máscara en respuesta a la superficialidad.

El genio de Sorrentino recae en la fabricación de un retrato hermoso de esta moral de vida. El vacío posmoderno es pincelado en esta hermosa obra de arte. Sin embargo, el alcance de este filme no muere ahí.

Como su título recita, Jep busca la Grande Bellezza. Reivindica su alma en ese último acto de purificación. Después de todo, como él dice, es un hombre sentimental, y su objetivo en la vida es encontrar y apreciar la belleza del mundo. Pero Jep solo se topa con una belleza insuficiente. El hueco de su interior nunca queda complacido, y esta búsqueda no termina hasta que él encuentre aquello que posea la máxima belleza y que lo restituya de su vacío.

Excelentísimo retrato de un hombre desustancializado, roto, pluralizado y ambiguo: Jep somos todos en esta sociedad donde el ideal ha muerto y lo único que queda es sonreír irónicamente ante su muerte.

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Acerca de Franco
Estudio Letras. Soy amante del cine y escribo sobre las películas que veo, cosas que leo, y sobre otros asuntos. Si te gusta el blog, sentite invitado a comentar.

2 Responses to Análisis: La Grande Belleza (2013): posmodernidad y vacío.

  1. Nitzayé says:

    Posmodenidad desatada por el existencialismo, o tal vez, una serie de piedras que caen ante lo inevitable. No ha quedado de otra, y concuerdo contigo (y por eso la empatía con el film) que no hay más que abrazar el vacío. Aceptar que la vida es sólo la prolongación de la muerte. Somos personas llenas de miedo, buscando la gran belleza del mundo.

  2. aleida says:

    interesante articulo, gracias

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