Adios Hoyts, hola Reescrituras.

Este ha sido el primer blog que he tenido con el objetivo de explotar un gran placer mío que es el de escribir. Pero la vida siempre nos empuja y las etapas se sustituyen torpemente. Estoy orgulloso de este blog y por eso pido a cualquiera que me haya leído que lo siga haciendo en el nuevo proyecto que cree en conjunto con unos amigos, con los mismos temas y propósitos que éste pero con mayor diversidad y, si todo va bien, continuidad.

http://reescritura.wordpress.com/

Gracias a todos!

Anuncios

Me inscribo en esta puta falta. Idiota e insalubre innata sensación de vacío. Falta que ya no es falta. Agujero sin restos, suplente sin titular, estupidez humana, insoportable cosquilleo que pica y pica y pica y pica.

Horrenda sensación de que falta lo que falta ¿Qué falta? nada y todo falta.

 

Divinos los momentos donde me rompen el aislamiento a cachetadas. Hermosos instantes donde el contacto del otro y de lo otro despeja esa estúpida tormenta que ya es costumbre. Soñados esos segundos de descanso de ese eterno infierno que pintó Dante. Agradecidos los besos y abrazos de ese amor que, ante todo, consuela.

Absurdo.

Ciego y loco hacia el sol, en ese eterno campo, hacia eso que es sueño, canto.

Vives y sueñas el trabajoso rotar de los planetas.

Maravilloso amoroso doliente y terrible ser.

Dices ser quien el Egeo violó impune

quien al Vesubio se arrojó

tú, insolente

que desprecias el centellear de infinitos cielos,

como breves pulsos

que empiezan terminan

todos ante tu absurda potencia.

A ti, loco, te rezo.

La bivocalidad en la traición de Rita Hayworth.

En la facultad nos pidieron realizar un análisis de la primera novela de Puig (absolutamente recomendada) desde los conceptos claves que Bajtín desarrolla en “Problemas de la poética de Dostoievski“. Luego de múltiples tasas de café e innumerables puteadas, he aquí lo que resultó:

En la novela de Puig se da la presencia de personajes que, en términos de Bajtin, son ideólogos. Es decir, cargan con una ideología o cosmovisión determinada. No son objetos o herramientas del autor, ni tampoco una extensión de su discurso. Son sujetos independientes y autónomos, con conciencias desarrolladas y que muchas veces generan choques o dialogismo entre ellas. Esta novela es propicia a la aparición de la polifonía y la bivocalidad.

puig

Manuel Puig.

Berto es un ejemplo de este tipo de personaje. Su voz no tiene gran participación en la novela hasta el último capítulo, en el cual se narra la carta que él escribe a su hermano pero que rompe antes de entregarla. Voy a analizar la bivocalidad en esta carta y los fenómenos concretos que Bajtin nombra, en este caso, diálogo oculto [1] y polémica oculta [2].

En la carta se da una relación dialógica entre la voz de Berto y la voz del hermano de Berto, en el último capítulo de la novela. Voy a analizar mínimamente como se da la evolución de esta relación.

Durante toda la carta, Berto manifiesta dos tonos principales que se alternan constantemente, y se oponen. El primero es un tono de reproche o crítica hacia la cosmovisión y forma de ser de su hermano (es decir, de polémica), y sus acciones respecto a él, que lo han perjudicado y lo siguen perjudicando. El otro tono es un tono de subordinación o pasividad respecto a la autoridad de la voz del hermano (que es el hermano mayor), que procura desestimar o menospreciar el primer tono.

La voz de Berto se encuentra siempre entre uno y otro tono, entre la afirmación de la crítica o la subordinación. Esto se ve claramente en este enunciado: “Yo no te lo conté antes porque, para que te iba a dar malas noticias, y a lo mejor tampoco te interesaba, que te importa que yo reviente. Te lo digo en broma, no me hagas caso.” El primer enunciado muestra muy claramente el tono de reproche hacia las actitudes del hermano, y el segundo, el tono de resignación o pasividad. En este enunciado se ve claramente la presencia de la voz del hermano de Berto en el discurso de Berto, es decir, la bivocalidad. Berto realiza lo que Bajtin llama: “anticipar la réplica del otro”, es decir, se imagina la posible respuesta del hermano (en este caso, de ofendido o enojado por el comentario) y responde a esta respuesta antes de que surja. En este anticipar, tener presente a la conciencia del otro, se manifiesta la bivocalidad.

Dicha bivocalidad y fuerte influencia de la conciencia del hermano de Berto en Berto se ve muy presente en este enunciado: “Vos dirás que yo hago mal en darle importancia a lo que diga la tilinga esa, pero es que Mita la tendría que haber parado en seco y mandarla a la mierda, y no le dijo nada, estaba callada y casi le daba la razón”. Es notable que nosotros podemos leer esa parte del discurso en forma de diálogo:

Hermano de Berto: Haces mal en darle importancia a lo que diga la tilinga esa.

Berto: Pero es que Mita… etc.

Este procedimiento, que Bajtin hace constantemente, sirve para ver claramente la presencia de la voz del hermano de Berto en la de Berto.

A medida que el discurso avanza, si bien seguimos viendo la presencia del tono de subordinación, el tono de reproche comienza a ganar mayor fuerza. Esto se ve en el siguiente párrafo: “Que lástima haber dejado el colegio hace quince años, eso nunca comprendí como pudiste decidirlo. Si necesitabas ayuda en la fábrica te podrías haber conseguido cualquier muchacho de confianza ¿Qué necesidad había de que me sacaras de la escuela, simplemente porque necesitabas alguien de confianza con vos? No, Jaime, eso nunca pude comprenderlo, cómo pudiste sacarme antes del colegio, antes de que pudiera hacerme de algún arma para luchar en la vida. Y después se te ocurrió vender la fábrica e irte a Buenos Aires. Y te fuiste. La cuestión es que el señor haga su gusto, y siempre has hecho lo que has querido.”

Sin embargo, luego de haber manifestado fuertemente la polémica, Berto vuelve a suavizar el tono diciendo: “Bueno, para que hablar de pleitos perdidos, ya es tarde ahora, no tiene arreglo”.

Hacia el final se termina de reafirmar la polémica, el quiebre entre ambas voces dentro de la conciencia de Berto: “Pero te cuento todo esto para que tengas mis noticias, aunque sean malas ¿no esperas carta mía? ¿No te importa recibir mis noticias? ¿Verdad? Si no te importó sacarme del colegio cuando era chico (…) trato de pensar que sos lo único que tengo, mi hermano mayor, lo único que me queda, y vos también tendrás tus razones por todo lo que hiciste, pero por más que trato no te puedo perdonar, Jaime, no te puedo perdonar, maldito sea tu egoísmo y malditas todas las putas que sigo por la calle. Esta carta va al tacho de basura, para vos no pienso gastar un centavo en estampillas”.

Si bien hay una última presencia del tono pasivo, hacia el final la ruptura se reafirma. Sin embargo, esto no indica que el dialogismo entre ambas voces se haya cerrado. La conciencia de Berto, así como la conciencia de los héroes de Dostoievski, no se termina de cerrar, sino que la novela concluye y su conciencia termina abierta. Esto se ve en el hecho de que, si se hubiera cerrado, su discurso se hubiera tornado monológico, y ya no veríamos la presencia de la voz del hermano en él. La ruptura de la carta simboliza la reafirmación de la polémica, no la clausura del dialogismo.

[1] Bajtín define el diálogo oculto como aquel fenómeno por el cual se nota el diálogo, intercambio o réplica entre dos ideologías, pero presentes en una misma voz, en un mismo discurso, y no en forma de diálogo explícito.

[2] La polémica será, al igual que el diálogo, la oposición o choque entre dos ideologías que no se manifiesta en forma de diálogo sino en una sola voz. En ambos casos advertimos la presencia de una segunda voz en el discurso de un personaje, una voz que no le pertenece, la voz del otro.

"Y planeando por sobre todos ellos la amenaza en la pantalla plateada de una Rita Hayworth mítica, traicionera beldad de adoradores incautos."

“Y planeando por sobre todos ellos la amenaza en la pantalla plateada de una Rita Hayworth mítica, traicionera beldad de adoradores incautos.”

Sobre la asociación crítica, y Bajtín.

En la pequeña localidad de Coronel Vallejos, a cuatro horas de Buenos Aires, en 1935, un chico entraba por primera vez a una sala de cine. El primer espanto que le generó la oscuridad de la sala fue recién superado un año más tarde. En 1936, viendo el filme desde la sala de proyección, Manuel Puig abrió los ojos a la ficción.

En 1936, a los 41 años, Mijaíl Bajtín piensa en Yakov Petrovich Goliadkin, quien vive en la ilimitada espesura de su mente. En Saransk, su mente fatigada puede descansar con tranquilidad.

La crítica literaria parte de la lectura. La lectura es el espacio en el cual se encuentran, así como dos desconocidos se encuentran y en sus almas contemplan la realización de un amor postergado, un texto y una idea. La lectura corretea devorando páginas, hasta que, en un súbito y misterioso momento, dicho encuentro ocurre. Una imagen que genera una sensación que genera una asociación que genera sentido.

Cuando leemos la primer novela de Manuel Puig, nuestra mente horrorizada y obsesionada contempla la lúgubre realidad a la que Toto escapa. Pero además, ella construye ese espacio de encuentro. En este caso, en él se encuentran ese chico que temía a la sala de cine, y ese hombre que dialoga con los personajes en su mente. El encuentro es inesperado, casi como una cachetada.

Si nosotros leemos literatura y teoría literaria, y no buscamos forzar los vínculos, ni adecuar una a la otra, este contacto, construcción instantánea de un espacio inmaterial, estalla en nuestra cabeza. Ahora mismo, los personajes de Puig con su inacabable profundidad se vincularon con las abstractas ideas de Bajtín respecto a la manifestación literaria de la bivocalidad.

Lo que planteó el ruso en Problemas de la poética de Dostoievski es que este autor culminó una etapa de la evolución de la novela europea, cuya desarrollo comenzó, según Bajtín, con los Diálogos Platónicos. Las novelas de Dostoievski se caracterizan por formular personajes que son verdaderos ideólogos, no simples objetos del autor.

Mijaíl Bajtín.

Mijaíl Bajtín.

Las novelas de esta nueva etapa fueron bautizadas por Bajtín con el nombre de novelas polifónicas. El término deriva de la música y su significado es transparente: muchas voces. En la novela de Dostoievski hay muchas voces. Se contrapone esto a la novela monológica, aquella en la cual solo advertimos una voz. Al hablar de voz, me refiero a la voz de un personaje que posee una cosmovisión particular, y que por lo tanto no puede ser considerado otra cosa que un sujeto.

En las novelas polifónicas advertimos el encuentro de una pluralidad de cosmovisiones. Cada personaje, si bien creación ficcional de un autor, posee una independencia ideológica propia. Cada personaje habla, y al hablar denota el contexto en el cual su conciencia se ha formado y sus miedos, obsesiones, creencias y realidades. Ninguno de estos personajes se somete ante el autor, ni es una extensión de la mente de este, sino que se libera de él, vive.

Con Dostoievski, lejos están los tiempos de la tradición heroica, en la que todo personaje era una extensión de una sola cosmovisión, fundada en las bases de una colectividad y generalizada a todo individuo. Nunca hasta Dostoievski hubo una reivindicación tan fuerte de la individualidad y la libertad. Ya no hay un autor que controle los hilos, ni hay personajes que sean marionetas de ese autor. Hay conciencias en constante contacto, lucha, influencia, evolución y contradicción.

Vasily_Perov_-_Портрет_Ф.М.Достоевского_-_Google_Art_Project

Fiódor Dostoyevski.

En la próxima entrada hablaré de este fenómeno de la polifonía en la novela de Puig. Es decir, como en La traición de Rita Hayworth se puede apreciar esta nueva libertad avasallante, estas individualidades que se encuentran en un universo ficcional roto y heterogéneo.

¿Quién soy?

¿Quién soy yo?
¿Quién soy yo para acostumbrar y despues sacar?
Quién para alegrar y quién para entristecer.
Quién para darle vida a la única flor del campo y quién para abandonarla después.
Quién para sembrar y quién para olvidar.
Quién soy para ejercer, motivar, tocar, trascender, convivir, oscurecer, esclarecer, sanar o enfermar.
Quién soy para romper una linealidad, para violar una tranquilidad, para saquear ese tesoro tan preciado que es la paz.
Quién soy para decidir y gobernar
Quién para otorgar y quién para quitar.
¿Quién soy yo para cambiar el curso de los astros?
Qué poder se violenta dentro de mi, en intensas explosiones, danzando en un ciclo de vida inocente y dañino, fulgor de eternidades.

Mi alma se revuelca entumecida por esta maldición, la misma que ataca a todos y la misma que todos soñamos tener.

Ojala el cielo me perdone.

No soy nadie.

Análisis: 300: Rise of an Empire (2014).

O, que no hacer a la hora de dirigir una secuela.

300 fue, para bien o mal, un hitazo de proporciones interesantes. Snyder, que venía de dirigir Dawn of the Dead (2004) cristalizó su estilo con este filme, así como lo haría Nolan en su Batman Begins (2005). La estética (elemento más fuerte en la cinematografía de Snyder) de 300 se repetiría en sus sucesivos proyectos, excepto en Man of Steel (2013), en la cual crearía un universo básicamente noleano.

300 fue, en mi opinión, el mejor filme de Snyder (si, Superman es bastante mala). Esta película, otra forzada extensión de un mundo que ya había dado todo lo que tenía para dar, se nos presenta como una secuela/precuela de la historia de Leonidas. Con un argumento en principio prometedor, ofrece desde un principio un menú reducido: un par de metros más de la carrera comenzada por Snyder en el 2006.

Como secuela, este filme fracasa en todo. El cambio de director, impuesto por el surgimiento del famoso proyecto Batman vs Superman, dejó al israelita Noam Murro a cargo del proyecto. Con experiencia nula en cuanto a pochocleras se refiere, Murro adoptó la labor de funcionar como máscara o coartada (títere si quieren) de Snyder, quien determinó el alcance del filme.

Xerxes decapitando el potencial de esta película.

Xerxes decapitando el potencial de esta película.

La continua referencia a la 300 original no sería molesta, si esta secuela tuviera algo más que ofrecer . Repite los juegos de cámara y efectos visuales ya vistos en la primera, alude al mismo principio moral que había movido a los espartanos, hasta repite los mismos personajes descaradamente (distinto actor, mismos papeles).

Si algo genial tenía 300 (además de su originalidad en lo visual) era la ferocidad animalezca de Gerard Butler, un perfecto protagonista, héroe desmedido, puro orgullo y valentía. Sullivan Stapleton sustituye a Butler, en un personaje que, aludiendo una supuesta personalidad más reflexiva y táctica, y menos voraz que la de Leonidas (el deficiente contraste griego-espartano, cuando es obvio que solo la naturaleza espartana funciona con este tipo de película), solo termina por desfallecer, 20 minutos entrada la película, ante la inevitable comparación con el espartano (pensar en los rugidos de Leonidas mientras escuchamos el patético discurso nacionalista y fundamentalista de Temistocles es deprimente).

news_photo_38086_1394045815

Intento de warface.

300-movie-gerard-butler-leonidas-243143-2048x1080

Warface.

Y que decir del personaje de Eva Green. Respaldada de una superficial historia trillada (asesinato de los padres = venganza), este personaje, representante de la brutalidad y la más pura maldad, genia táctica, prodigio con las armas, asesina a sangre fría, traicionera, manipuladora y sádica se pasa más de la mitad del tiempo en el que aparece, quejándose por la falta de un “comandante” que la acompañe: machismo absoluto.

Cabe hablar un poco del machismo de estas dos películas (para que la construcción artificial del concepto de hombre y de mujer no pase desapercibido). Lo que en el primer filme fue un intento de mostrar un protagonista a la vez que heroico y violento, feminista (no toma desiciones sin consultar con su reina), ahora se convirtió, a partir de los personajes de Eva Green y de Lena Headey, en otra objetivación de la mujer heroica. Se da una masculinación de la mujer  a partir de Artemisia y la Reina Gorgo, personajes que solo se diferencian por el concepto de libertad planteado por este filme, de tinte nacionalista y fundamentalista (dos papeles que sostienen una ideología de que la mujer solo puede ser mujer e independiente siendo hombre: otro esfuerzo por reafirmar la supremacía de un mundo masculino, el patriarcado mas oscuro).

En cuanto al guión, no hay que ir más lejos de las pocas palabras que el personaje de Artemisia regurgita torpemente para darnos cuenta de su limitado alcance.

302 termina en su inicio: citando a su antecesora. Los únicos momentos de tímido brillo opaco son aquellos que hacen referencia a la historia de los espartanos. El resto, es solo una mala copia, un guión estúpido, un director perdido, un protagonista desaparecido y una enemiga aborrecible de principio a fin.

A %d blogueros les gusta esto: