Análisis: 300: Rise of an Empire (2014).

O, que no hacer a la hora de dirigir una secuela.

300 fue, para bien o mal, un hitazo de proporciones interesantes. Snyder, que venía de dirigir Dawn of the Dead (2004) cristalizó su estilo con este filme, así como lo haría Nolan en su Batman Begins (2005). La estética (elemento más fuerte en la cinematografía de Snyder) de 300 se repetiría en sus sucesivos proyectos, excepto en Man of Steel (2013), en la cual crearía un universo básicamente noleano.

300 fue, en mi opinión, el mejor filme de Snyder (si, Superman es bastante mala). Esta película, otra forzada extensión de un mundo que ya había dado todo lo que tenía para dar, se nos presenta como una secuela/precuela de la historia de Leonidas. Con un argumento en principio prometedor, ofrece desde un principio un menú reducido: un par de metros más de la carrera comenzada por Snyder en el 2006.

Como secuela, este filme fracasa en todo. El cambio de director, impuesto por el surgimiento del famoso proyecto Batman vs Superman, dejó al israelita Noam Murro a cargo del proyecto. Con experiencia nula en cuanto a pochocleras se refiere, Murro adoptó la labor de funcionar como máscara o coartada (títere si quieren) de Snyder, quien determinó el alcance del filme.

Xerxes decapitando el potencial de esta película.

Xerxes decapitando el potencial de esta película.

La continua referencia a la 300 original no sería molesta, si esta secuela tuviera algo más que ofrecer . Repite los juegos de cámara y efectos visuales ya vistos en la primera, alude al mismo principio moral que había movido a los espartanos, hasta repite los mismos personajes descaradamente (distinto actor, mismos papeles).

Si algo genial tenía 300 (además de su originalidad en lo visual) era la ferocidad animalezca de Gerard Butler, un perfecto protagonista, héroe desmedido, puro orgullo y valentía. Sullivan Stapleton sustituye a Butler, en un personaje que, aludiendo una supuesta personalidad más reflexiva y táctica, y menos voraz que la de Leonidas (el deficiente contraste griego-espartano, cuando es obvio que solo la naturaleza espartana funciona con este tipo de película), solo termina por desfallecer, 20 minutos entrada la película, ante la inevitable comparación con el espartano (pensar en los rugidos de Leonidas mientras escuchamos el patético discurso nacionalista y fundamentalista de Temistocles es deprimente).

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Intento de warface.

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Warface.

Y que decir del personaje de Eva Green. Respaldada de una superficial historia trillada (asesinato de los padres = venganza), este personaje, representante de la brutalidad y la más pura maldad, genia táctica, prodigio con las armas, asesina a sangre fría, traicionera, manipuladora y sádica se pasa más de la mitad del tiempo en el que aparece, quejándose por la falta de un “comandante” que la acompañe: machismo absoluto.

Cabe hablar un poco del machismo de estas dos películas (para que la construcción artificial del concepto de hombre y de mujer no pase desapercibido). Lo que en el primer filme fue un intento de mostrar un protagonista a la vez que heroico y violento, feminista (no toma desiciones sin consultar con su reina), ahora se convirtió, a partir de los personajes de Eva Green y de Lena Headey, en otra objetivación de la mujer heroica. Se da una masculinación de la mujer  a partir de Artemisia y la Reina Gorgo, personajes que solo se diferencian por el concepto de libertad planteado por este filme, de tinte nacionalista y fundamentalista (dos papeles que sostienen una ideología de que la mujer solo puede ser mujer e independiente siendo hombre: otro esfuerzo por reafirmar la supremacía de un mundo masculino, el patriarcado mas oscuro).

En cuanto al guión, no hay que ir más lejos de las pocas palabras que el personaje de Artemisia regurgita torpemente para darnos cuenta de su limitado alcance.

302 termina en su inicio: citando a su antecesora. Los únicos momentos de tímido brillo opaco son aquellos que hacen referencia a la historia de los espartanos. El resto, es solo una mala copia, un guión estúpido, un director perdido, un protagonista desaparecido y una enemiga aborrecible de principio a fin.

Análisis: Nausicaä del Valle del Viento (1984).

Cuándo se adapta un comic/manga (en este caso manga) al formato cinematográfico, múltiples son las tareas que debe realizar el encargado del guión para adaptar una historia que ya posee su propia estética gráfica definida. Interesante se torna cuando el mismo creador del manga apuesta por la dirección de la película que adapta ese comic.

Recién estoy comenzando a entenderme con el estilo de Hayao Miyazaki, director al que la mayoría reconocerá por haber dirigido su obra más popular: El viaje de Chihiro. Esta animación, menos conocida y relacionada a un momento de emergencia y germinación de una estética y narrativa que parece, evolucionaría hacia un predominio de lo sobrenatural, lo surreal y lo abstracto, la es el segundo filme del Cofundador del Estudio Ghibli, el primero que impulsó el crecimiento de este estudio.

Deudor siempre del manga, el animé realiza un proceso de adopción de normas estéticas, pero adquiriendo la celeridad narrativa propia de los animes. El esquema narrativo se asemeja al posapcalíptico (tan vulgarizado hoy en día), y se centra en la historia de una princesa que adquiere, luego de una hermosa introducción del universo en el cual está inmersa, la tarea de mediar la situación política entre los pueblos-naciones que habitan esta tierra desolada, y descubrir el origen y la razón de existencia de unos hongos venenosos que pueblan el mundo.

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Como el mensaje de Miyazaki es bastante obvio, y el simbolismo de la película es directo y unívoco, no voy a destacar del filme su capacidad moral (que sí la tiene, pero no es su rasgo característico). En su lugar, la obra representa el surgimiento de un movimiento artístico (difícilmente se pueda limitar la influencia del filme al plano de lo cinematográfico) peculiar por sus posibilidades: la animación en dos dimensiones otorga al director la posibilidad de dejar fluir la más grandiosa imaginación, que polariza las problemáticas del hombre moderno y les otorga cuerpo y espacio, creando imágenes increíbles.

Hayao Miyazaki.

Hayao Miyazaki.

Simpleza y linealidad. El simbolismo de la obra es casi tan claro como lo es su historia: una fábula en forma de leyenda. Miyazaki formula su historia desde el universo mítico. En ella aparecen los personajes y espacios típicos de la historia mítica: la vieja (que recupera la tradición mítica); el héroe; el origen y salvataje del mundo. La tierra encuentra su segunda vida (su renacer) en la figura del héroe, redentor, salvador, destinado. Y tras este cuerpo narrativo, un mensaje unilateral de paz y ecología.

 

Análisis: La Grande Belleza (2013): posmodernidad y vacío.

A decir verdad, viendo las nominadas al Oscar me he llevado algunas decepciones. Her y American Hustle han sido películas entrañables, que plantean problemáticas de la moral interesantes y cuyo potencial es enorme. Sin embargo me han dejado un sabor amargo -y ni hablar del Lobo de Wallstreet.

Distinto me ocurrió al ver La Grande Belleza. Desconocía la obra de Sorrentino, pero habiendo escuchado tantos comentarios positivos tenía que echarle un vistazo.

Paolo Sorrentino.

Paolo Sorrentino.

El director nos presenta una obra ciertamente anormal, de una estructura compleja, con matices poco comunes, un modelo de personaje principal casi desconocido y una intención que se podría juzgar como ambiciosa.

La trama narrativa es simple, o por lo menos, no es compleja. En esta homogeneidad yace su extrañeza: la falta de linealidad es una herramienta casi desconocida por el público de hoy. La cámara de Sorrentino funciona como un medio de proyección de la experiencia y conciencia de un escritor relajado y vicioso, cuyo escenario de existencia es una hermosa Roma contemporánea pero con una estética pluritemporal. El director hace desaparecer su cámara mientras nos sumerge en la mente de este hombre.

La posmodernidad se puede definir, en estas circunstancias -y violentando la naturaleza del concepto- como una categoría del ser presente en la humanidad contemporánea. También es un principio de análisis en tanto nos permite estudiar el consciente colectivo y social. Al ser una esfera moral y cultural, la mentalidad posmoderna se hace presente en diversos filmes -Her plantea varias problemáticas propias de la posmodernidad.

Esto es relevante porque el filme en cuestión es un excelente sumario de los fantasmas, rupturas, desconciertos e ironías de la cultura y sociedad actual, y representa su más nueva corrupción: el desinterés.

Jep Gambardella es el paradigma ficticio del hombre posmoderno. Se ríe irónicamente de sus fracasos y de su vida vacía y superficial, pero no la ignora. Lejos de encontrarnos en un estado de inocencia -que hace tiempo hemos matado- conocemos (así como Jep) nuestros defectos y nuestra decadencia, y ya no intentamos eliminarla como trataron de hacer otros – quienes construyeron utopías imaginarias que resultaron en catástrofes. Nosotros abrazamos nuestra ineptitud, nos apropiamos del vacío de nuestra alma.

Jep se ríe irónicamente de una Roma que se destruye noche tras noche; lo hace de sus compañeros que viven lo efímero y buscan el placer; se mofa de su propia insustancialidad: no se desespera, no busca una solución pues sabe que no la hay. Ante la última de las decepciones solo queda reír, observar este vacío y no llorarlo, sumergirnos en él y desentendernos de todo sufrimiento.

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El personaje de Toni Servillo es un tipo cool. Es amado por sus compañeros, deseado por las mujeres, respetado por la misma Roma. Su actitud carga siempre con una buena onda inherente e injustificada: una máscara en respuesta a la superficialidad.

El genio de Sorrentino recae en la fabricación de un retrato hermoso de esta moral de vida. El vacío posmoderno es pincelado en esta hermosa obra de arte. Sin embargo, el alcance de este filme no muere ahí.

Como su título recita, Jep busca la Grande Bellezza. Reivindica su alma en ese último acto de purificación. Después de todo, como él dice, es un hombre sentimental, y su objetivo en la vida es encontrar y apreciar la belleza del mundo. Pero Jep solo se topa con una belleza insuficiente. El hueco de su interior nunca queda complacido, y esta búsqueda no termina hasta que él encuentre aquello que posea la máxima belleza y que lo restituya de su vacío.

Excelentísimo retrato de un hombre desustancializado, roto, pluralizado y ambiguo: Jep somos todos en esta sociedad donde el ideal ha muerto y lo único que queda es sonreír irónicamente ante su muerte.

Análisis: Her (2013).

El amor condenado.

Desde los verdes ojos de Theodore, que camina siempre nostálgico por la calle, observamos y escuchamos cientos de voces que hablan y miradas que no se cruzan. A lo lejos, inmensos rascacielos crecen componiendo la sobria imagen de una ciudad perfecta. Esos ojos que bailan el ritmo de esta ciudad fantasma se preguntan si no hay nada más que sentir en este mundo.

Joaquin Phoenix (el más odiado Cómodo, en Gladiador) nos trae ahora un personaje entrañable por sus cualidades: timidez, melancolía, soledad y sensibilidad colorean el rostro vacío de Theodore.

Como todo escritor, Theodore proyecta en sus cartas la vida y los sentimientos de otra persona. En el breve lapso en el que las escribe, imagina que es esa persona y experimenta en gran profundidad su alegría o dolor. Actúa en su mente cada escena, cada imagen, cada abrazo, beso, despedida y encuentro, y en su mente se produce un eco de belleza que no le pertenece.

Theodore existe en este espacio en el que entra toda persona solitaria: olvidándose de su exterior, sumergido en sus deseos banales y su falta de conexión, el protagonista se encuentra en un limbo, inmovilizado y desganado.

De repente, conoce a Samantha, y ella lo hace feliz. El problema es que Samantha no es humana, es un Sistema Operativo, una creación del hombre.

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A partir de este conflicto el director pone en juego una serie de prejuicios sociales. Se propone sembrar la inseguridad en el espectador utilizando el conflicto moral que atraviesa esta relación.

El desafío del director yace entonces en generar una química entre Theodore y Samantha, teniendo en cuenta que su relación solo puede limitarse a las palabras (y Jonze siempre apuesta por la aprobación y funcionamiento de la relación). De la naturalidad de este enamoramiento depende la credibilidad de toda la historia y la posterior trascendencia del conflicto inicial.

¿Es Samantha un ente capaz de amar? El filme juega constantemente con las dos respuestas posibles, que se presentan en nuestra mente y disputan un terreno de prejuicios, principios morales y concepciones tradicionales.

Aprovechando algunos fantasmas que trae la perpetua evolución tecnológica (el imaginativo de Jonze en cuanto a progreso de la interacción y desarrollo de la comprensión de la tecnología es innovador), el director aprovecha para investigar las posibilidades de la conciencia artificial y la independencia robótica.

El argumento se desarrolla con especial armonía, dedicándose enteramente al interior de Theodore (en un principio), a su relación con Samantha, y a medida que ella evoluciona, también en la propia psicología del SO.

Casi toda historia de amor respeta una linealidad argumental básica, que sirve para generar una verdadera conciencia de la relación en el espectador. Antes de la relación; comienzo de la relación; conflicto de la relación; resolución final. A partir de dicho modelo narrativo nosotros podemos identificar la evolución de la psicología de un personaje a medida que la relación avanza. Contrastando las distintas etapas del amor vemos la consecuencia que dicha relación ejerce sobre el personaje.

El éxito de Spike Jonze en este filme no radica en que intente violar el esquema genérico del romance. Así tampoco el del filme de ciencia ficción (el director no olvida uno de los papeles más importantes que cumple este género, que es el de cuestionar la evolución de la humanidad y la tecnología).

Jonze triunfa al saber crear una atmósfera muy definida (temas melancólicos, como los de The Breeders, o Arcade Fire, color atenuado y suave), al plantear sutilmente las diferencias de Samantha (que en un principio son carencias) y también creando una química perfecta entre ella y Theodore (un diálogo inteligentemente escrito, que une a ambos personajes en las mismas dudas y los impulsa en un mismo amor por la vida).

Lo que obtenemos de un filme como Her, es una narración romántica clásica que, así como otras lo han hecho, se replantea al amor como concepto artificial, a la evolución de la psicología social respecto a las relaciones humanas, a los límites del ser y de la conciencia y a las disputas que surgen de una inevitable y cada vez mayor independencia de la tecnología.

Un filme que sabe delimitar su alcance, que se nuclea en la relación amorosa que representa pero que sutilmente sugiere las angustiantes circunstancias de la sociedad en donde dicha relación se da, y de la cual Samantha y Theodore son representantes. La cristalización y el acabado del universo es, en este sentido, excelente. La linealidad misma del filme y su perfecto equilibrio en la economía de escenas refleja este rasgo.

Análisis de Gravity: El espacio según Cuarón.

El director mexicano Alfonso Cuarón, es uno de los directores mexicanos más reconocidos internacionalmente. En su último filme, “Gravity”, busca explorar la naturaleza humana bajo situaciones límite, a través de dos personajes (que abren y cierran el elenco de Cuarón).

Siendo una película con algunos principios de cine independiente (bajo costo y corta duración), este filme se centra en dos elementos principales: la provocación del espectador, y la estética que se puede lograr con las herramientas de Cuarón . Siendo estos los objetivos del director, veamos que tal lo ha logrado.

Para lograr el primer objetivo, se requiere de un ritmo narrativo sofocante. Para entender esto, podemos contraponerlo a filmes como, “2001: Odisea del Espacio”.  Cito aquí una escena del filme, para que se note el largo aliento que da Kubrick a sus escenas. El despliegue visual de Kubrick es más bien psicodélico, mientras que el de Cuarón es realista, pero ese no es el punto. Lo importante es la diferencia entre el manejo de la economía del relato, de una película que dura 161 minutos, como la de Kubrick:

y una que dura 91 minutos, como Gravity:

Una es éxtasis visual llevado a su más larga expresión mediante imágenes psicodélicas, la otra, es pura acción y movimiento.

La velocidad de este filme es rápida a tal punto que el espectador nunca tiene un descanso de la tensión. Vemos que casi la totalidad de la película transcurre en una sola escena, donde no se da una presentación de los personajes, ni profundización en la psicología de los mismos, ni se enmarca una visión particular de una situación o ambiente. El director maneja la economía de su filme ocupando tiempo solo en la producción estética, y en la provocación.

Cuarón alterna estos dos motores en dos tipos de secuencias: la primera es la secuencia “lenta” (nunca llega a la inmovilidad de “2001: Odisea del Espacio”), cuyo principal componente es el estético: Cuarón utiliza tecnología avanzada y excepcional para crear su universo, lo más fiel posible al real. Sin duda, en cuanto a la producción de un ambiente espacial y su tratamiento, este filme es un nuevo paso en la evolución de la representación del espacio (nota aparte: me gustaría ver que, así como Cuarón siguió los pasos de Kubrick en este aspecto, algún director lo hiciera con Jurassic Park de Spielberg) .

El director busca generar el efecto de mayor realismo posible. Algunos críticos han dicho que esta es una de las experiencias más cercana a estar en el espacio, mientras que otros, como Neil DeGrasse Tyson realizaron un análisis más puntilloso (link a la crítica, cortesía de http://www.ecartelera.com/). El director, sin embargo, no deja de resaltar, subjetivamente, una serie de principios que ayudan a generar el efecto de tensión y desesperación en el espectador. Estos principios, suerte para mí, son simplemente enumerados en el inicio de la película: se trata de las condiciones que hacen imposible la vida en el espacio (aquello que hace al espacio amenazante), y además, un rasgo del espacio que el director prima sobre el resto, muy productivo a la hora de generar terror: en el espacio no hay nada que transporte el sonido.

Dichos elementos se aplican en el segundo tipo de secuencia: la secuencia de alternancia, la que genera el shock,  la que da a la película su componente dramático y su suspenso: la claustrofobia y la sensación de ahogo son dos objetivos iniciales del film (si esto es lo que les llama la atención del filme, les recomiendo Buried, de Rodrigo Cortés). Digo de alternancia, porque vemos en estas escenas, un silencio absoluto interrumpido bruscamente: el efecto de shock, la sorpresa.

En cuanto al argumento, hay que decir que este es, muchas veces, el medio por el cual las sensaciones fluyen. El argumento de este filme no es la excepción. Dicha historia permite un despliegue visual muy amplio y también, facilita al director el generar las sensaciones antes nombradas. Por lo tanto, es un argumento que responde a ciertos objetivos, una herramienta del director más que un pilar de la dirección.

En cuanto al aspecto visual cabe destacar ciertas herramientas tales como: el manejo de las distancias (produce la sensación de la inmensidad del espacio), la grabación desde la primera persona (produce un efecto de realismo y de compartir lo sentido por el personaje), la oscuridad (también mejora el efecto de inmensidad), la luz (que se relaciona a la seguridad y la tranquilidad), los primeros planos (enmarcan los gestos faciales con mucha mayor contundencia), entre otros. Vemos que el director saca provecho de la cámara y, en este caso, de la computadora también, para hacer un despliegue visual avasallante.

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Como la mayoría de las películas de Ciencia Ficción, la concepción de la vida espacial en Gravity no podría haber sido posible sin Kubrick y su Odisea. Su visión del espacio y sus características, contrastante a la realidad física de la tierra, fue innovadora, y marcó la visión de los directores siguientes, como por ejemplo Cuarón. El director mexicano realiza varias referencias a la obra de Kucrick para explicitar esta deuda.

Cortesía de Posts & Chips

Cortesía de Posts & Chips

El tema que se trata es la actitud que se toma ante la muerte, su aceptación o su negación. Ambos personajes presentan diferencias en esta aceptación. Aunque este no fue el elemento que más captó mi atención en el filme (me parece que esta pobremente realizado, debido a la falta de profundización en los personajes, que hace que sea dificil que el espectador realice una catarsis certera), es un elemento que está presente y es acompañado por la tensión.

Tenemos, en resumen, un filme incompleto por su falta de profundización de los personajes (creo que este aspecto en parte fue un sacrificio que tuvo como objetivo lograr una economía de la duración de la obra), pero sin duda un punto importante en la evolución de la representación del espacio y la más grande joyita del director.

Para otros puntos de vista sobre la película:

-Para una mejor opinión sobre la función 3D: http://newsyep.com/2013/11/18/gravity-3d-2013-review-by-sivakumar/

-Para una visión acertada y feminista sobre el filme: http://lisathatcher.wordpress.com/2013/12/01/gravity-alfonso-cuaron-retells-kubric-and-tarkovsky-in-a-feminist-reading-film-review/

Análisis de los viernes: Raiders of the Lost Ark (1981)

Un arqueólogo apasionado por su profesión es encomendado a encontrar un tesoro mitológico, una leyenda histórica y de la religión judía: El Arca de la Alianza. Este objeto también es anhelado por Hitler, el que lo ve como un arma de guerra. Ambos lados (por un lado los nazis, y por otro Indiana) estarán en una carrera por conseguir el Arca.

Podría empezar este análisis hablando de obviedades, como el hecho de que el método de dirección de Spielberg es algo que todo cineasta aprendiz debería observar y entender como una guía básica. Sin embargo, voy a eludir hablar mucho del director, por lo menos por el momento.

Como marco, tenemos una historia muy simple y fácil de resolver (escrita en parte por George Lucas), con un nudo y un desenlace lineal y maleable. El guión es manejado con corrección, y no presenta ningún error narrativo notable. Si existen algunas Deus ex machina, es decir, problemas de lógica básica que son resueltas sin mucho cuidado, obligados por el propio guión. También existe una caricaturización de la aventura, tanto de los villanos (los nazis de juguete), de la historia, y del mismo héroe.

Spielberg no suele tener errores garrafales a la hora de manejar una historia, o de narrarla, sin embargo, el propio personaje de Indiana se ve envuelto en situaciones algo forzadas, que, en una mirada algo minuciosa, llegan a notarse, y plantean algunas preguntas. Sobre el personaje, no hay más que decir que Harrison Ford realiza una actuación, no compleja, pero si muy atractiva e icónica, un héroe bidimensional, sin grandes complicaciones.

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Sin embargo, este filme se sostiene por otros factores, y, si ignoramos estos errores y también la sensación de bizarres que genera ver ahora las escenas de pelea (la última es impagable), podemos ver que Indiana Jones es un filme simple, y en su simpleza gana.

Merece un apartado mencionar la tan conocida banda sonora, compuesta por el gran John Williams, que adquiere un valor protagónico, y es uno de los puntos más destacables de la película. Es el primer componente de una estética que mantiene a este filme en el nivel más alto en innovación: aventura en un estado puro. La misma caricaturización apoya esta estética y la hace encantadora.

Con una fotografía especial, en la cual Lucas también metió mano, (con planos muy interesantes e imágenes -evitemos los efectos especiales que Spielberg logra en este momento- bien generadas), Raiders of the Lost Ark resiste en un ritmo constante (con pausas que no aburren), la aventura avanza, el héroe golpea y golpea, y la estética se forma paso a paso, y abre un nuevo abanico de posibilidades, una visión única de un director único. Es un clásico para mirar y disfrutar, sin muchos reproches, y personalmente, no de los mejores filmes de Spielberg.  7.5/10 para el clásico.

7 estrellas

Análisis de los viernes: Oblivion (2013) – El sci-fi visual por excelencia

En el año 2073, la tierra se encuentra destruida e inutilizada por una guerra nuclear ocurrida 60 años en el pasado, que confrontó a los humanos con una raza alienígena carroñera. Los humanos se han mudado a una de las lunas de Saturno, dejando a un pequeño grupo en la tierra para defender los recursos terrestres, necesarios para el desarrollo de la vida humana fuera del planeta. Jack Harper, uno de estos soldados, luego de un incidente que interrumpe su trabajo, comienza a cuestionarse la verdadera naturaleza de su vida, y de la verdad.

(El mejor trailer que pude conseguir)

El “heredero” de Tron, se encarga de dirigir esta cinta de ciencia-ficción. Joseph Kosinski, el que se dedicaba a dirigir comerciales para Halo, que fue elegido para hacerse cargo de la incierta secuela de Tron, lleva adelante la adaptación de un comic inexistente (A los que le interesa saber más sobre la historia del comic inexistente haga click acá).

Si hay algo que debemos admitirle al director es su maravillosa habilidad para poner en escena. Uno de las características que más mantienen a esta película de decaer absolutamente es la fotografía. Kosinski utiliza las imágenes para sumergirnos en un universo fantástico, de ciencia ficción no solo creíble, sino asombroso, realista y dinámico, en cuanto vemos estéticas naturalistas, tecnológicas, bélicas, y una de las más fabulosas tierras post-apocalíptica que he visto.

Habiendo pasado eso, podemos apreciar que Joseph Kosinski no es un narrador. (spoilers) Pretende manejar una trama doble, una historia que se dobla sobre sí misma al mejor estilo Matrix. Trata, como puede, de plantear ambas historias por separado, de hacerlas encontrarse en un choque energético, y que la segunda triunfe (la verdad) sobre la primera (la mentira). Este tipo de tramas es muy usual en filmes de ciencia ficción, y el ejemplo paradigmático es el antes mencionado filme de Andy y Lara Wachowski (fin de spoilers).

El principal problema que existe en la narrativa de Oblivion es la utilización de los tiempos: si dividimos en tres partes la película, vemos que la primera hora es utilizada para plantear una historia que luego será desmentida por una segunda historia, cuyo planteo se hará en quince minutos, dejando solo media hora para la resolución del conflicto. Entre todo, el planteamiento de la segunda historia es vago y deja con ganas de más, y el final es despelotado y apresurado, por lo tanto, mal logrado.

Uno de los tantos paisajes deslumbrantes de Oblivion

Uno de los tantos paisajes deslumbrantes de Oblivion

Sin duda esta no es tarea fácil, y Kosinski se maneja como puede. Si bien existe un problema central relacionado al manejo de la narración, y que de alguna manera molesta , su influencia no es grande, ya que permite, no solo que la película sea de un disfrute total, sino que la historia sea comprendida naturalmente. Además, estas faltas en la narrativa están ampliamente equilibradas por el interés visual que genera la cinta.

Tenemos un director que es un profesional para hacer real un mundo imaginario (a mi parecer, más astuto y sabio que el Michael Bay), pero que no logra contar una historia con el mismo orden o contundencia con la que lo harían los Wachowski en 1999. Tenemos un grupo de escritores que, salvo alguna línea, no generan un diálogo atractivo. Tenemos un Tom Cruise frágil, que por momentos fastidia por su constante monotonía, y que cancela cualquier oportunidad de profundización psicológica o de conexión hacia su personaje. Tenemos un filme cuya fotografía funciona como un escudo ante todo esto, que le permite, por sí sola, permanecer en un margen “atractivo”, no caer en lo banal, en lo trillado, para no ser oscurecida por su protagonista (hubiera querido que Morgan Freeman interprete todo el filme) ni por la inconsistencia en su narrativa.

Oblivion es un engaño, una película no tan bien narrada, pero tampoco tan mal, un protagonista de piedra, pero también es un festín de imágenes: la realización de la imaginación de muchos, una tierra devastada pero orgullosa en su belleza. Con un mejor equipo de escritores, con un protagonista más simpático, Oblivion sería mucho más que un 7/10, un filme que pelea a cada instante contra sus defectos, sostenida por una narrativa gastada pero efectiva, y un desarrollo visual de puta madre.

7 estrellas

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