Análisis: 300: Rise of an Empire (2014).

O, que no hacer a la hora de dirigir una secuela.

300 fue, para bien o mal, un hitazo de proporciones interesantes. Snyder, que venía de dirigir Dawn of the Dead (2004) cristalizó su estilo con este filme, así como lo haría Nolan en su Batman Begins (2005). La estética (elemento más fuerte en la cinematografía de Snyder) de 300 se repetiría en sus sucesivos proyectos, excepto en Man of Steel (2013), en la cual crearía un universo básicamente noleano.

300 fue, en mi opinión, el mejor filme de Snyder (si, Superman es bastante mala). Esta película, otra forzada extensión de un mundo que ya había dado todo lo que tenía para dar, se nos presenta como una secuela/precuela de la historia de Leonidas. Con un argumento en principio prometedor, ofrece desde un principio un menú reducido: un par de metros más de la carrera comenzada por Snyder en el 2006.

Como secuela, este filme fracasa en todo. El cambio de director, impuesto por el surgimiento del famoso proyecto Batman vs Superman, dejó al israelita Noam Murro a cargo del proyecto. Con experiencia nula en cuanto a pochocleras se refiere, Murro adoptó la labor de funcionar como máscara o coartada (títere si quieren) de Snyder, quien determinó el alcance del filme.

Xerxes decapitando el potencial de esta película.

Xerxes decapitando el potencial de esta película.

La continua referencia a la 300 original no sería molesta, si esta secuela tuviera algo más que ofrecer . Repite los juegos de cámara y efectos visuales ya vistos en la primera, alude al mismo principio moral que había movido a los espartanos, hasta repite los mismos personajes descaradamente (distinto actor, mismos papeles).

Si algo genial tenía 300 (además de su originalidad en lo visual) era la ferocidad animalezca de Gerard Butler, un perfecto protagonista, héroe desmedido, puro orgullo y valentía. Sullivan Stapleton sustituye a Butler, en un personaje que, aludiendo una supuesta personalidad más reflexiva y táctica, y menos voraz que la de Leonidas (el deficiente contraste griego-espartano, cuando es obvio que solo la naturaleza espartana funciona con este tipo de película), solo termina por desfallecer, 20 minutos entrada la película, ante la inevitable comparación con el espartano (pensar en los rugidos de Leonidas mientras escuchamos el patético discurso nacionalista y fundamentalista de Temistocles es deprimente).

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Intento de warface.

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Warface.

Y que decir del personaje de Eva Green. Respaldada de una superficial historia trillada (asesinato de los padres = venganza), este personaje, representante de la brutalidad y la más pura maldad, genia táctica, prodigio con las armas, asesina a sangre fría, traicionera, manipuladora y sádica se pasa más de la mitad del tiempo en el que aparece, quejándose por la falta de un “comandante” que la acompañe: machismo absoluto.

Cabe hablar un poco del machismo de estas dos películas (para que la construcción artificial del concepto de hombre y de mujer no pase desapercibido). Lo que en el primer filme fue un intento de mostrar un protagonista a la vez que heroico y violento, feminista (no toma desiciones sin consultar con su reina), ahora se convirtió, a partir de los personajes de Eva Green y de Lena Headey, en otra objetivación de la mujer heroica. Se da una masculinación de la mujer  a partir de Artemisia y la Reina Gorgo, personajes que solo se diferencian por el concepto de libertad planteado por este filme, de tinte nacionalista y fundamentalista (dos papeles que sostienen una ideología de que la mujer solo puede ser mujer e independiente siendo hombre: otro esfuerzo por reafirmar la supremacía de un mundo masculino, el patriarcado mas oscuro).

En cuanto al guión, no hay que ir más lejos de las pocas palabras que el personaje de Artemisia regurgita torpemente para darnos cuenta de su limitado alcance.

302 termina en su inicio: citando a su antecesora. Los únicos momentos de tímido brillo opaco son aquellos que hacen referencia a la historia de los espartanos. El resto, es solo una mala copia, un guión estúpido, un director perdido, un protagonista desaparecido y una enemiga aborrecible de principio a fin.

Análisis: Nausicaä del Valle del Viento (1984).

Cuándo se adapta un comic/manga (en este caso manga) al formato cinematográfico, múltiples son las tareas que debe realizar el encargado del guión para adaptar una historia que ya posee su propia estética gráfica definida. Interesante se torna cuando el mismo creador del manga apuesta por la dirección de la película que adapta ese comic.

Recién estoy comenzando a entenderme con el estilo de Hayao Miyazaki, director al que la mayoría reconocerá por haber dirigido su obra más popular: El viaje de Chihiro. Esta animación, menos conocida y relacionada a un momento de emergencia y germinación de una estética y narrativa que parece, evolucionaría hacia un predominio de lo sobrenatural, lo surreal y lo abstracto, la es el segundo filme del Cofundador del Estudio Ghibli, el primero que impulsó el crecimiento de este estudio.

Deudor siempre del manga, el animé realiza un proceso de adopción de normas estéticas, pero adquiriendo la celeridad narrativa propia de los animes. El esquema narrativo se asemeja al posapcalíptico (tan vulgarizado hoy en día), y se centra en la historia de una princesa que adquiere, luego de una hermosa introducción del universo en el cual está inmersa, la tarea de mediar la situación política entre los pueblos-naciones que habitan esta tierra desolada, y descubrir el origen y la razón de existencia de unos hongos venenosos que pueblan el mundo.

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Como el mensaje de Miyazaki es bastante obvio, y el simbolismo de la película es directo y unívoco, no voy a destacar del filme su capacidad moral (que sí la tiene, pero no es su rasgo característico). En su lugar, la obra representa el surgimiento de un movimiento artístico (difícilmente se pueda limitar la influencia del filme al plano de lo cinematográfico) peculiar por sus posibilidades: la animación en dos dimensiones otorga al director la posibilidad de dejar fluir la más grandiosa imaginación, que polariza las problemáticas del hombre moderno y les otorga cuerpo y espacio, creando imágenes increíbles.

Hayao Miyazaki.

Hayao Miyazaki.

Simpleza y linealidad. El simbolismo de la obra es casi tan claro como lo es su historia: una fábula en forma de leyenda. Miyazaki formula su historia desde el universo mítico. En ella aparecen los personajes y espacios típicos de la historia mítica: la vieja (que recupera la tradición mítica); el héroe; el origen y salvataje del mundo. La tierra encuentra su segunda vida (su renacer) en la figura del héroe, redentor, salvador, destinado. Y tras este cuerpo narrativo, un mensaje unilateral de paz y ecología.

 

Análisis de los viernes: Oblivion (2013) – El sci-fi visual por excelencia

En el año 2073, la tierra se encuentra destruida e inutilizada por una guerra nuclear ocurrida 60 años en el pasado, que confrontó a los humanos con una raza alienígena carroñera. Los humanos se han mudado a una de las lunas de Saturno, dejando a un pequeño grupo en la tierra para defender los recursos terrestres, necesarios para el desarrollo de la vida humana fuera del planeta. Jack Harper, uno de estos soldados, luego de un incidente que interrumpe su trabajo, comienza a cuestionarse la verdadera naturaleza de su vida, y de la verdad.

(El mejor trailer que pude conseguir)

El “heredero” de Tron, se encarga de dirigir esta cinta de ciencia-ficción. Joseph Kosinski, el que se dedicaba a dirigir comerciales para Halo, que fue elegido para hacerse cargo de la incierta secuela de Tron, lleva adelante la adaptación de un comic inexistente (A los que le interesa saber más sobre la historia del comic inexistente haga click acá).

Si hay algo que debemos admitirle al director es su maravillosa habilidad para poner en escena. Uno de las características que más mantienen a esta película de decaer absolutamente es la fotografía. Kosinski utiliza las imágenes para sumergirnos en un universo fantástico, de ciencia ficción no solo creíble, sino asombroso, realista y dinámico, en cuanto vemos estéticas naturalistas, tecnológicas, bélicas, y una de las más fabulosas tierras post-apocalíptica que he visto.

Habiendo pasado eso, podemos apreciar que Joseph Kosinski no es un narrador. (spoilers) Pretende manejar una trama doble, una historia que se dobla sobre sí misma al mejor estilo Matrix. Trata, como puede, de plantear ambas historias por separado, de hacerlas encontrarse en un choque energético, y que la segunda triunfe (la verdad) sobre la primera (la mentira). Este tipo de tramas es muy usual en filmes de ciencia ficción, y el ejemplo paradigmático es el antes mencionado filme de Andy y Lara Wachowski (fin de spoilers).

El principal problema que existe en la narrativa de Oblivion es la utilización de los tiempos: si dividimos en tres partes la película, vemos que la primera hora es utilizada para plantear una historia que luego será desmentida por una segunda historia, cuyo planteo se hará en quince minutos, dejando solo media hora para la resolución del conflicto. Entre todo, el planteamiento de la segunda historia es vago y deja con ganas de más, y el final es despelotado y apresurado, por lo tanto, mal logrado.

Uno de los tantos paisajes deslumbrantes de Oblivion

Uno de los tantos paisajes deslumbrantes de Oblivion

Sin duda esta no es tarea fácil, y Kosinski se maneja como puede. Si bien existe un problema central relacionado al manejo de la narración, y que de alguna manera molesta , su influencia no es grande, ya que permite, no solo que la película sea de un disfrute total, sino que la historia sea comprendida naturalmente. Además, estas faltas en la narrativa están ampliamente equilibradas por el interés visual que genera la cinta.

Tenemos un director que es un profesional para hacer real un mundo imaginario (a mi parecer, más astuto y sabio que el Michael Bay), pero que no logra contar una historia con el mismo orden o contundencia con la que lo harían los Wachowski en 1999. Tenemos un grupo de escritores que, salvo alguna línea, no generan un diálogo atractivo. Tenemos un Tom Cruise frágil, que por momentos fastidia por su constante monotonía, y que cancela cualquier oportunidad de profundización psicológica o de conexión hacia su personaje. Tenemos un filme cuya fotografía funciona como un escudo ante todo esto, que le permite, por sí sola, permanecer en un margen “atractivo”, no caer en lo banal, en lo trillado, para no ser oscurecida por su protagonista (hubiera querido que Morgan Freeman interprete todo el filme) ni por la inconsistencia en su narrativa.

Oblivion es un engaño, una película no tan bien narrada, pero tampoco tan mal, un protagonista de piedra, pero también es un festín de imágenes: la realización de la imaginación de muchos, una tierra devastada pero orgullosa en su belleza. Con un mejor equipo de escritores, con un protagonista más simpático, Oblivion sería mucho más que un 7/10, un filme que pelea a cada instante contra sus defectos, sostenida por una narrativa gastada pero efectiva, y un desarrollo visual de puta madre.

7 estrellas

Análisis de los viernes: The Wolverine (2013) – ¿La última decepción?

“En una historia alterna a X-Men Origins: Wolverine (2009), y continuando la historia de Wolverine luego de asesinar a su amada Jean Grey (X-Men. La decisión final -2006-), Logan es convocado a Japón para despedir a un viejo amigo a punto de morir. El protagonista se ve envuelto en una guerra que relaciona a la mafia Yakusa y los samurais, y entre tanto, su capacidad regenerativa es anulada, por lo que se ve enfrentado al conflicto moral y físico de renunciar a su inmortalidad o recuperarla, y de encontrar un sentido a la vida luego de la muerte de Jean.”

(Trailer bastante respetable)

El cine de X-Men nunca fue de mi total aceptación. No conozco con gran intensidad las variantes de la historia que hay en los comics, pero manejo un poco el tronco principal de la cronología de los mutantes.

Habiendo dicho esto, creo que, si alguno de los directores que se han hecho de la franquicia realizó un trabajo respetable, ha sido Matthew Vaughn en la última X-Men: Primera generación (2011). Sin duda que la influencia de Bryan Singer es positiva a la saga, aunque aquellas que ha dirigido no me parecen buenas.

Lobezno Inmortal, o más simplemente, The Wolverine, sigue una linea de sucesos que pertenecen al universo del filme de Vaughn, y que están directamente relacionados con él. Esto de primera me parece un buen signo, ya que la historia alternativa de X-Men Origins: Wolverine es un error de principio a fin, y veo como buena acción haberla descartado para mantener un hilo cronológico coherente con la serie de filmes que inició Vaughn, lo mejor logrado hasta ahora.

Entrando en el filme en cuestión, podemos ver que los primeros treinta minutos de la película son muy entretenidos (la primera escena es la más espectacular que he visto en toda la saga). Sin embargo, a medida que la cinta y la historia avanzan, la narrativa se va hundiendo poco a poco, y cae en lo monótono para cuando nos enfrentamos a un segundo acto.

(spoilers) La primera media hora de la película es buena. No muestra solo la intensidad del fuego de Nagazaki, sino que presenta a un Wolverine distinto: su motivación es la misma (la inmortalidad es una condena ya que está destinado a acumular sufrimiento y no poder descansar jamás), pero la forma de encarar al personaje es distinta, tal vez la idea de un Wolverine reflexivo que tiene James Mangold no es tan trillada como lo ha sido en otros directores, y tal vez, Mangold entiende que la reflexión y la acción bien pensada pueden ir de la mano. (fin de los spoilers).

Sin embargo, cuando la trama avanza a un segundo acto, comienza a desarrollarse una historia de amor poco lúcida, sin profundidad, sin lógica, que no comienza en ningún lado y que no termina en ningún lado. A medida que esta parte de la historia se desarrolla la acción decae, perdemos al Wolverine reflexivo, al antiheroe, y obtenemos un Lobezno que parece una caricatura.

La perdida sustancial del protagonista y la falta de desarrollo de cualquier otro personaje (prácticamente ninguna actuación es rescatable en este filme, siendo la de Hugh Jackman algo siempre visto) llevan el resto de la película a un inminente fracaso, que ni la animación estrambótica y poco agradable, ni los ninjas pueden salvar. La acción, que en un principio era uno de los pilares del filme, se derrumba irremediablemente.

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Avanzamos entonces más adentro hacia el trama, cuando el director pierde una visión ordenada de los actos. Los sucesos se dan de forma despelotada, los villanos son básicos y sin una motivación o psicología fuerte (ninguno causa ningún tipo de sensación), y aquello que llevaría a Logan a un extremo mental y físico termina siendo un chiste inconsecuente.

Hacia el resto de la producción puedo decir, excelente trabajo en la primera escena. Recomiendo ver la primera secuencia y la que aparece luego de los créditos y usar esta última como un teaser para el próximo trabajo de Singer con X-Men: Days of Future Past (2014), donde, esperemos, habrá un tratamiento positivo de este genial personaje, que se lo merece. Esperemos que esta sea la última decepción por parte de la franquicia. Un 5/10 para el Wolverine japonés.

5 estrellas

Men in Black III: Will Smith y su impecable sentido del humor oral.

Viene con Spoilers:En 1997 nacería una película, combinación de géneros como el Sci-Fi exagerado y la comedia infantil, con toques de innovación que surgen de la extraña mezcolanza y de la dicotomía Jones-Smith, y de un sentido innato de abuso de temas. Entre tanto, este filme sería un éxito, no sin precedentes, pero éxito al fin.Luego de una primera película, y un intento fallido de una secuela, nos vemos ya en 2012, 15 años luego del primer lanzamiento, con una nueva producción, esta vez con más Smith y un Jones joven.

La sinopsis de esta historia es, en un principio, simple y reiterativa: Boris The Animal, otro de los excéntricos alienigenas característicos de la saga -y que siempre son un disfrute visual por sus increíbles diseños- escapa de una de esas prisiones de máxima seguridad, con esa facilidad con la que escapa un supervillano de una prisión de máxima seguridad (accidente deteriorado), y acude, como todo villano, a la voluntad de venganza, en este caso, contra K (Lee Jones). Con dicho fin, parte hacia el pasado, creando una de esas complejas rupturas y relaciones de futuros alternos y simultáneos- que tanto dan jaqueca, a mi, y a mi incapacidad de atar tantos pozos narrativos-, para asesinar a K, el único impedimento que presentaba hacia su plan de destruir la Tierra.

Cuando J (Smith) llega a los 60s, la ambientación empieza a jugar un papel que pinta de colores una película, desde su inicio, aburrida. Se manejan en un principio con gags, aluciones históricas, de personajes como Andy Warhol, que aluden a una táctica también, reiterativa -recuerdo al Elvis alienigena que vuelve a su planeta- pero efectiva entretanto para sacar algunas risas. Mientras, como principales factores positivos, están la utilización de temas de rock de época -en contra posición con el empalagoso tema principal de Pitbull- y un carismático Will Smith, que realza varias escenas con sus comentarios ingeniosos y, a veces, hilarantes. Por lo tanto, la fotografía es un punto a favor en Hombres de Negro 3.El viaje temporal es creo, el punto mejor pensado en su linea semi-mediocre, y se puede elogiar a la evolución temporal, tan genialmente lograda -la repentina aparición de un Rex con la boca abierta, o el gag de humor negro de los suicidas de la crisis de Wallstreet-.

La actuación de Josh Brolin es más inteligente, profesional, o por lo menos más atractiva y menos monótona que la de Lee Jones, puesto que da vida a un K humano, con un sentido del humor marcado, y, a diferencia de su versión adulta, una seriedad coherente con un personaje más encantador. Al ser así, la química y el vaivén humorístico se da de forma espontánea, y no forzada.

Existe un error lógico bastante fuerte: En los 60, la organización de Hombres de Negro ya posee tecnología ficticia y futurista. Se intentan hacer gags haciendo referencia a la comparación de la tecnología tosca de antes y la refinada y práctica de ahora (por lo que hay un Neuralizador con batería portátil). Lo que no termina de cerrar es como, Los Hombres de Negro, estando en contacto con vida extraterrestre, y por lógica, con los viajes estelares y la exploración del espacio, pueden observar y fascinarse con el famoso viaje de Amstrong y compañía. No en contraparte, Will Smith toma leche chocolatada como un remedio a los mareos generados por la ruptura temporal y el nacimiento de una nueva dimensión…

Boris el Animal, Jemaine Clement, es, como en las anteriores versiones de Hombres de Negro, el punto más flojo, ya sea por su exagerada naturaleza de cliché, personaje altanero, por su diálogo que brilla por lo poco iluminado, repetitivo y uniforme.

Más allá de los pequeños errores que se dan por sentados, Hombres de Negro 3 es una buena película, no se caracteriza por su innovación, por lo que no hay mucha recompensa en verla, salvo para un viejo interesado en la saga.

La cortina se levanta, Stallone se saca la boina y gatilla.

Rocky, Rambo, Terminator, Die Hard,Universal Soldier. Stallone, Van Damme, Willis, Schwarzenegger, junto a Statham, Li, Lundgren, Norris y Crews, son aquellos cuya tarea recae en concretizar lo que alguna vez fue una utopía del pochoclerismo inteligente: reunir a los más grandes actores de acción y agruparlos en un solo momento de puro extasis brutal, bestial, feroz y efectivamente, hilarante.

Stallone, esta vez, con la ayuda de Simon West, se encarga de producir (no sin sus propios beneficios) lo que ya traspasa, en un modo extraño, una de las barreras de lo que una película puede ser, y se vuelve más, un homenaje abreviado, casi casi, una película de acción.

Los protagonicos no abundan en un filme donde, en cada palabra, se recuerda una nueva escena, un nuevo gag, alusión a viejos clásicos, personajes de antaño, actores que, como dice el buen Arnold están para el museo.

El plano general de tan absoluta y parcial película, es, Van Damme como el villano, haciendo una actuación digna de más de un nerdgasmo (que pase el que no me permita el término); Willis y el querido gobernador comentándose referencia tras referencia sobre un pasasdo glorioso no tan pasado, mientras destruyen, una y otra vez, algun rostro que tiene la mala suerte de correr apuntando al techo; Chuck Norris destruyendo tanques con la vista y aniquilando gente que da calambre; Stallone y Statham llevando adelante batallas que parecen ya bailes de lo producidos que están.

Y en escencia, Los Mercenarios es, lo que todo grupo de amigos sueña, lo que todo domingo lluvioso anhela y lo que toda mujer escapa (desde un punto de vista exageradamente sexista).

Haciendo una pausa dentro de tanto palabrerío redundante, los errores de la primera no fueron corregidos, si no, a lo sumo, disfrazado por una cortina de sangre y balas aún mayor, y la dirección no es otra cosa que algo que no se convierte en impedimento, que no te prohíbe disfrutar a Schwarzenegger diciendo “Im Back” cada vez que la cámara le apunta.

Casi como una sátira, una joda entre amigos, una reunión que implica millones y millones, un todos contra Jean-Claude, un momento de unión entre estrellas y muchachos que genera un éxtasis extraño, casi como si la ausencia de Mel Gibson y Liam Neeson no se notara.

The 13th Warrior – Where the brave may live forever.

Es curioso como una película llega a ser recomendada. Por eso es importante tener varias fuentes a la hora de elegir películas para ver. Esta no fue recomendada por un bloggero, mucho menos por un crítico. Esta es la película favorita de mi tío, y a el hago honor en este pequeño análisis.

13 Guerreros es un filme protagonizado por Antonio Banderas y dirigido por John McTiernan (Duro de Matar).

Antonio Banderas at the Shrek the Third London...

Antonio Banderas

Nos relata la historia de un joven árabe cuyo nombre resulta imposible de recordar. Ahmed Ibn Fahdlan es un poeta, exiliado de su tierra y enviado a las tierras del norte, donde comienza a fraternizar con un grupo de Vikingos o “Hombres del Norte”. Los vikingos deben enfrentarse a una tribu de salvajes, para defender a un pueblo indefenso.

Si bien el estilo de actuación de Antonio Banderas no me parece peculiarmente bueno, sus papeles siempre tienen un cierto encanto.

Haciendo la mirada gorda sobre un par de errores o actuaciones algo molestas, lo positivo de 13 guerreros no está en un increíble guión (adaptación de la novela de Michael Crichton). Tal vez, la introducción de la historia es algo rápida, la desaparición del principe como posible enemigo es inexplicable, o la velocidad con la que Ahmed pasa de ser un poeta a un guerrero sin entrenamiento, sea ilógica.

Sin embargo, la película de McTiernan tiene varios positivos, centrados en la caracterización del siglo V y la interacción de las culturas. El personaje de Banderas es recordable, debido a varias  peculiaridades, y al vínculo de hermandad que logra con sus compañeros luchadores.

Puede ser, pisando pozos, 13 guerreros enmarca dulcemente una historia. Las escenas de batalla son realistas. Para los amantes del género y de las batallas épicas a espada, puede ser una película memorable. La recomiendo si quedaste en vigilia luego de ver Gladiador.

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