Coriolanus: Ralph Fiennes y su adaptación.

Caius Martius Coriolanus, un alto mando del ejercito de una Roma contemporánea y ficticia es elegido Cónsul luego de una batalla contra los rebeldes liderados por Tullus Aufidius. Sin embargo, casi al instante es traicionado y expulsado de Roma, por lo que se une a Aufidius y comienza una empresa para la aniquilación del pueblo desleal.

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Ralph Fiennes lanza una esperada carrera como director con este filme, siendo, además del protagonista, el dueño de esta adaptación tan interesante y peculiar.

En este filme, empezando por el papel de Fiennes como el encargado, hay varias cosas que destacar. En un principio, es una adaptación extraña, pero más bien, interesante. Por un lado, los diálogos de Shakespeare parecen intactos, relatados por los personajes, pero se ven parcialmente tergiversados al cambiar la historia, y por lo tanto, el contexto.

Por ejemplo, vemos como se genera (voluntariamente, sin mucha intervención con intención) una sociedad y un diálogo sumamente insólito, ya que pertenece a una época distinta donde se desarrolla.

Los diálogos son los órganos fundacionales de una relación de rareza entre el medio físico, la constitución bélica que acompaña a la película todo el tiempo. Así, el principal concepto que se forma parece no haberse recreado concientemente, si no, ser algo que surge de improviso, casi como una coincidencia positiva).

Otros elementos de interés giran en torno a la actuación de Aquel que no debe ser nombrado. Aunque la película tiene, en general, un elenco de puta madre (Gerard Butler, Brian Cox, y una irreconocible Jessica Chastain), su papel es el que más destaca, sobre todo, por su innato talento y su capacidad teatral (que dan color a tan sobrio filme).

Coriolanus es una interesante primer obra de Fiennes como director. Nos muestra una mesurada adaptación, innovadora, original y fielmente realizada. Con tomas bélicas excelentes, actuaciones más que respetables, y un Fiennes que brilla moderadamente como director, y con resplandor como actor, teatralizando un personaje shakesperiano, vitalizándolo y personalizándolo, actualizándolo pero no desprestigiándolo, un Caius Martius colérico, engañado, noble pero marginante, y finalmente, no digno de su seudómino: Coriolanus.

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