“Canto el Cuerpo Eléctrico” (Ray Bradbury): hombres y robots más humanos

Junto a Fantasmas de lo nuevo (el cuento), considero que esta obra es una de las más destacadas de la antología de Bradbury. En ella se mezclan una trágica historia, o mejor dicho lo que queda luego de la tragedia; con ciertas consideraciones y reflexiones que transmite el autor en la voz de uno de los protagonistas (la abuela), donde sin duda la que cobra mayor fuerza o notoriedad es aquella que refiere al papel de las máquinas (tópico tan frecuente en la obra del autor estadounidense). El encuentro entre ambos sucesos es el elemento que da sentido a la narración, y es clave dentro del desenlace.

Si bien no se explicita la época en que los hechos tienen lugar, podemos ver claramente que se dan en un futuro (cincuenta años, tal vez). En dicho contexto se narra el momento posterior a la muerte de una madre; en otras palabras, se cuenta cómo trata esta familia de salir adelante. Los obstáculos que deben superar son dos: el primero, el de enfrentar el dolor provocado por la pérdida (cada uno lo asimila de diferente manera, aunque en la hija menor es más evidente); el segundo, que afecta a todos pero preocupa principalmente al padre, es el de saber cómo serán sus vidas luego de la tragedia.

Precisamente, lo que requiere con urgencia el padre de esta familia es encontrar a alguien que se ocupe de los niños mientras él trabaja. Ni una tía ni las niñeras parecen satisfacer esta necesidad, por lo que el padre, desesperado, busca alternativas. Una de ellas, por extravagante que parezca, será la elegida: una abuela mecánica.

Se trata de un curioso invento, producido por una tal compañía Fantoccini, que tiene el fin de ayudar en las tareas domésticas y en la crianza de los hijos a aquellas familias que han sufrido terribles acontecimientos. Como el mismo creador revela, “Nada puede sustituir a los padres en el hogar. Pero hay familias en que la muerte, la mala salud o la invalidez minan el bienestar de los niños”.

De esta manera, lo narrado posteriormente describe principalmente la relación que se genera entre los tres chicos y la abuela-robot. Ésta última, de características y aspecto humanos, ha recibido toda la información necesaria con respecto a la situación de la familia, y sabe cómo es cada uno de sus integrantes. Buscará ganarse su confianza y afecto, con el único fin de cumplir su misión de la mejor manera posible.

Agatha, la hija menor, es quien más se resiste a la llegada de la abuela. Profundamente dolida por la muerte de su madre –hecho que afectó de manera particular a la niña, ya que le provocó que no confiara en otras personas, especialmente adultos–, la pequeña no quiere acercarse a la nueva integrante de la familia por miedo a volver a experimentar el sentimiento de pérdida.

Por otro lado, la reflexión o mensaje que destacábamos en el primer párrafo, el del rol de las máquinas, es central en la obra. De alguna manera, todo en ella gira alrededor de este único pensamiento, que se convierte en eje, en núcleo. Se describe y explica el dolor de los integrantes de la familia con el fin de dejar en evidencia qué tan útiles pueden llegar a ser las máquinas para el hombre, si se las diseña inteligente y humanamente.

-Extraño- dijo papá-. Cuando yo era chico, había muchas protestas contra las máquinas. Las máquinas eran malas, dañinas, deshumanizaban…

-Algunas máquinas sí. Todo depende de la manera en que son construidas. Todo depende de la manera en que se las usa. Una trampa para osos es una simple máquina que atrapa, retiene y desgarra. Un rifle es una máquina que hiere y mata. Bueno, no soy una trampa para osos, no soy un rifle. Soy una máquina abuela, es decir, más que una máquina.

-¿Cómo puedes ser más de lo que pareces?

-No hay hombre tan grande como sus propias ideas. En consecuencia, cualquier máquina que encarne una idea es más grande que el hombre que la hizo. ¿Y qué hay de malo en eso?

BRADBURY 1

“Sabía que la mayoría de las máquinas son amorales, ni malas ni buenas. Pero del modo como uno las construyera o las modelara, se modelaba a la vez a hombres, mujeres y niños para que fueran malos o buenos (…) Y para eso se necesitan ejemplos.

-¿Ejemplos?- pregunté.

-Otras personas que se comporten bien, y que uno pueda imitar. Y si nos comportamos bastante bien durante bastante tiempo, todos los pelos se caen y dejamos de ser un mono malvado.

La abuela se sentó de nuevo.

-Así, durante miles de años, vosotros los humanos necesitasteis reyes, sacerdotes, filósofos, ejemplos hermosos para mirar y decir “Ellos son buenos, quisiera ser como ellos. Ellos encarnan el gran estilo.” Pero como también son humanos, los mejores sacerdotes, los filósofos más compasivos cometen errores, pierden la gracia, y la humanidad se desilusiona y cae en un escepticismo indiferente o, peor aún, en un cinismo inmóvil, y el mundo bueno se detiene rechinando mientras el mal avanza a grandes zancadas.

-¡Y tú, qué, tú nunca cometes errores, eres perfecta, eres siempre mejor que nadie!

La voz venía del vestíbulo entre la cocina y el comedor donde Agatha, como todos sabíamos, estaba junto a la pared escuchando y ahora estallaba.

La abuela ni siquiera se volvió hacia la voz, y continuó hablándoles con calma a la familia sentada a la mesa.

-No, perfecta no, porque ¿qué es la perfección? Pero lo que sé es esto: como soy mecánica no puedo pecar, no puedo ser sobornada, no puedo ser codiciosa ni celosa ni mezquina ni pequeña. No saboreo el poder por el poder mismo. La velocidad no me empuja a la locura. El sexo no me lleva a la rastra por el mundo. Tengo tiempo más que suficiente para recoger la información que necesito.

(…)

-Pero- dijo papá, deteniéndola, mirándola de frente. Contuvo el aliento. La cara se le oscureció. Al final dijo-: Tanta charla sobre el amor, la atención, todas patrañas. ¡Santo Dios, mujer no sabes qué hablas!

(…)

-Yo no. Pero vosotros sí. Tú, Tomas, Timothy, Agatha.

“Todo lo que digáis, todo lo que hagáis, lo guardaré, apartaré, atesoraré. Seré todas esas cosas que una familia es y olvida, pero que siente, y recuerda a medias. Mejor que los viejos álbumes de familia que hojeabais diciendo: esto fue en invierno, eso aquella primavera, recordaré lo que olvidáis. Y aunque en los próximos cien mil años sigamos preguntándonos qué es el amor, quizá descubramos al fin que el amor es alguien capaz de devolvernos a nosotros mismos. Quizá el amor sea alguien que ve y se acuerda de devolvernos a nosotros mismos, mostrándonos que somos un poco mejores que en nuestras mismas esperanzas y en nuestros sueños…

“Soy la memoria de la familia y un día quizá, la memoria de la raza también, pero en la palestra, y a vuestro pedido. No me conozco a mí misma. No puedo tocar ni gustar ni sentir en ningún plano. Sin embargo existo. Y mi existencia no es otra cosa que la exaltación de vuestras posibilidades de tocar, gustar y sentir.

Luego de una lectura cuidadosa, podemos afirmar lo siguiente: la máquina sigue siendo máquina; lo que cambia es el hombre, el creador. La diferencia entre un rifle, un auto o la abuela es el fin por el que fue diseñada; las características y apariencia humanas sólo son circunstancias, partes o cualidades que permiten que cumpla su misión (como en un auto, el motor, por ejemplo).

Como vemos, de acuerdo a nuestra interpretación, lo que sufre un cambio es el hombre: su visión, sus intenciones, sus deseos, sus acciones. La máquina sigue teniendo una función, que es la de satisfacer las pretensiones humanas (en este caso específico, la de ayudar a las familias necesitadas). “No hay hombre tan grande como sus propias ideas. En consecuencia, cualquier máquina que encarne una idea es más grande que el hombre que la hizo. ¿Y qué hay de malo en eso?” Para que la máquina llegue a ser lo que es, la idea debe gestarse en la mente creadora, y luego materializarse en un artefacto acorde a lo pensado.

Más allá de esto, debemos destacar también la mirada optimista que predomina en el relato. Es una historia con “final feliz” –si nos centramos en la relación hombre – máquina–, y este aspecto no es menor, ya que establece una diferencia con otras obras (con Llamada Nocturna, por ejemplo). Porque las tragedias siguen sucediendo; los problemas continúan obstaculizando a las personas; y los fantasmas de siempre siguen acechando a los personajes; pero la diferencia reside en que, al menos dentro de este mundo, las máquinas en definitiva ayudan, satisfacen a los hombres, y de un modo mucho más humano.

La abuela, en este caso, tiene como única misión ayudar a la familia, y lo hace óptimamente porque, como ella misma revela, no elige, ni siente; sólo es funcional al hombre.

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Ray Bradbury y los Fantasmas más temidos

El texto que elegí esta semana es el breve cuento Llamada Nocturna, publicado por primera vez en 1969 dentro de la obra I Sing The Body Electric! (traducido al castellano como Fantasmas de lo Nuevo), del escritor norteamericano Ray Bradbury (1920-2012).

Algunos de los temas o ejes principales tratados en esta obra son la soledad y los efectos que ésta puede producir en el hombre; la dualidad olvido – memoria; y la inmortalidad. También es fundamental la intervención de las máquinas, que, de satisfacer las necesidades, ocurrencias y caprichos humanos, se transforman, en un giro inesperado, en su peor pesadilla.

El protagonista de esta historia debe afrontar una vida condenada a la soledad. La supervivencia, como él mismo confiesa, no es un problema (tiene a su disposición provisiones de sobra). Sin embargo, las preocupaciones que lo afectarán en mayor medida son las de encontrar la manera de ocupar el tiempo y el no perder las esperanzas de ser rescatado por alguna nave.

En esencia, el autor trata un asunto –el asunto– fundamental en la vida de todo hombre: el de encontrar un sentido o razón de ser, que lo aleje de una existencia absolutamente errática. Por otro lado, el intento de no perder la “humanidad”, ni caer en la desesperación o locura, es otro de los temas que  se desprenden de la desdichada situación del personaje.

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Metiéndonos de lleno en la historia, debemos señalar que el autor de Farenheit 451 nos sitúa en esta oportunidad en el planeta Marte, en el año 2097. En dicho escenario se narran los últimos días de vida de Emil Barton, un hombre de ochenta años que ha vivido durante los últimos sesenta abandonado en el Planeta Rojo, completamente solo. El motivo de su aislamiento es el siguiente: el resto de los terrícolas que vivían en las colonias marcianas debió regresar a la Tierra, donde en ese entonces tenía lugar la llamada “guerra nuclear”. Bajo circunstancias que no se especifican, el protagonista de esta historia fue olvidado.

El mencionado personaje, a lo largo del cuento, mantiene una conversación telefónica consigo mismo, sesenta años más joven. ¿Cómo es esto posible? Para entender un poco de qué se trata este diálogo aparentemente imposible, es necesario que nos remontemos en el pasado, al momento en que Barton fue abandonado por sus compañeros.

-Se me ocurrió una idea. Registré mi voz mil veces en una cinta. Transmitida desde la ciudad, suena como mil personas. Un ruido reconfortante, el ruido de una multitud. Lo grabé de manera que se oyen portazos, los niños cantan, los gramófonos suenan, todo mediante un sistema de relojería. Si no miro por la ventana, si me limito a escuchar, está muy bien. Pero si miro, la ilusión se desvanece. Me parece que me estoy quedando solo.

Sin embargo, su primer y mayor invención, la que vuelve a la vida a su juventud, fue la siguiente: programar un “cerebro parlante”, al que le daría su propia voz (grabando miles de palabras), para que lo llame por teléfono dentro de sesenta años. Si aún se encontrara vivo y en el Planeta Rojo, se crearía la ilusión de una conversación con su pasado (digo ilusión, porque en realidad el interlocutor es un robot, con la personalidad del joven Barton).

El mencionado artefacto funciona más o menos de la siguiente manera: se graban miles de palabras, las cuales son luego seleccionadas y pronunciadas por el cerebro. Está diseñado de tal manera que es capaz de entender cualquier pregunta u oración, y en base a los miles de términos de que dispone, responder y mantener una conversación. “Estas cintas escondidas sólo reaccionan a cierto número de estímulos tuyos”.

No obstante, a medida que pasaron los años, el creador se hartó de su obra, que no era más que un auto engaño (desde la perspectiva del Barton viejo, una “locura”; desde la del joven, “autoprotección”): destruyó uno por uno los robots, y desactivó todos los olores y ruidos urbanos. Tal vez por olvido, tal vez por no saber cómo detenerla, la única creación que siguió con vida fue la del cerebro parlante y la futura conversación.

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Volviendo al presente, al tiempo en que se narra esta historia (año 2097), debemos explicar brevemente la relación entre creador y creado. Al principio, cuando recibe la primera llamada, el viejo no reconoce su propia voz al teléfono; poco a poco, y con ayuda del cerebro, logra reunir todas las piezas de su pasado (o casi todas).

La relación entre ambos personajes –sí, el cerebro parlante debe ser considerado como tal– no tarda en volverse conflictiva: el viejo se cansa de las constantes llamadas de aquella voz (“No vivo más que cuando hablo. Así que tengo que hablar”), y, desesperado, le “declara la guerra”.

-¡Basta!- gritó el viejo. Sintió los accesos familiares de dolor. Lo invadió la náusea y la oscuridad. –Ah, Dios, eras despiadado. ¡Vete!

-¿Eras, viejo? Yo soy. Mientras las cintas se deslicen, mientras los rollos y los ocultos ojos electrónicos lean, elijan y traduzcan palabras para ti, seré joven y cruel. Seguiré siendo joven y cruel mucho después que hayas muerto. Adiós.

Luego de la conversación, cada uno prepara sus armas con el fin de destruir a su adversario. El viejo, por un lado, buscará el lugar en donde ha instalado el cerebro mecánico, con el fin de desactivarlo; la máquina, a su vez, jugará con una estrategia más lenta, efectiva y cruel: pretenderá agotar a su creador, hasta hacerlo perder sus estribos, aprovechando su avanzada edad y sus problemas de salud. Desde este momento, hasta el final de la obra, sólo quedará un vencedor.

Uno de los recursos que el autor utiliza es el de confundir los tiempos y personalidades; de manera que, por momentos, el lector pierde la noción del tiempo; o bien no sabe con seguridad quién es realmente cada personaje. Que la perspectiva que el lector tiene sea la del viejo (salvo en los párrafos finales) tampoco es casualidad.

El final de la obra es, por otro lado, magnífico: no se sabe si el protagonista ha dotado de ciertas facultades a la máquina que, ya de viejo, no recuerda; o, por otro lado, el cerebro ha evolucionado y ya no depende completamente de lo establecido por su creador (la falsa llamada del Capitán Rockwell, entre otros indicios, deja abierta esta posibilidad).

Por momentos, me vinieron a la mente imágenes de La Invención de Morel, novela del argentino Adolfo Bioy Casares, donde están presentes tanto las temáticas de la soledad y la inmortalidad, como la intervención de las máquinas. Ambas obras comparten, también, un final abierto.

A modo de cierre, podemos sostener que Llamada Nocturna es una de las obras más interesantes de esta colección, tanto por la historia que en ella se narra, como por las temáticas y el tratamiento que de éstas se hacen.

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Superficie de Marte, escenario de Llamada Nocturna.

Análisis de Gravity: El espacio según Cuarón.

El director mexicano Alfonso Cuarón, es uno de los directores mexicanos más reconocidos internacionalmente. En su último filme, “Gravity”, busca explorar la naturaleza humana bajo situaciones límite, a través de dos personajes (que abren y cierran el elenco de Cuarón).

Siendo una película con algunos principios de cine independiente (bajo costo y corta duración), este filme se centra en dos elementos principales: la provocación del espectador, y la estética que se puede lograr con las herramientas de Cuarón . Siendo estos los objetivos del director, veamos que tal lo ha logrado.

Para lograr el primer objetivo, se requiere de un ritmo narrativo sofocante. Para entender esto, podemos contraponerlo a filmes como, “2001: Odisea del Espacio”.  Cito aquí una escena del filme, para que se note el largo aliento que da Kubrick a sus escenas. El despliegue visual de Kubrick es más bien psicodélico, mientras que el de Cuarón es realista, pero ese no es el punto. Lo importante es la diferencia entre el manejo de la economía del relato, de una película que dura 161 minutos, como la de Kubrick:

y una que dura 91 minutos, como Gravity:

Una es éxtasis visual llevado a su más larga expresión mediante imágenes psicodélicas, la otra, es pura acción y movimiento.

La velocidad de este filme es rápida a tal punto que el espectador nunca tiene un descanso de la tensión. Vemos que casi la totalidad de la película transcurre en una sola escena, donde no se da una presentación de los personajes, ni profundización en la psicología de los mismos, ni se enmarca una visión particular de una situación o ambiente. El director maneja la economía de su filme ocupando tiempo solo en la producción estética, y en la provocación.

Cuarón alterna estos dos motores en dos tipos de secuencias: la primera es la secuencia “lenta” (nunca llega a la inmovilidad de “2001: Odisea del Espacio”), cuyo principal componente es el estético: Cuarón utiliza tecnología avanzada y excepcional para crear su universo, lo más fiel posible al real. Sin duda, en cuanto a la producción de un ambiente espacial y su tratamiento, este filme es un nuevo paso en la evolución de la representación del espacio (nota aparte: me gustaría ver que, así como Cuarón siguió los pasos de Kubrick en este aspecto, algún director lo hiciera con Jurassic Park de Spielberg) .

El director busca generar el efecto de mayor realismo posible. Algunos críticos han dicho que esta es una de las experiencias más cercana a estar en el espacio, mientras que otros, como Neil DeGrasse Tyson realizaron un análisis más puntilloso (link a la crítica, cortesía de http://www.ecartelera.com/). El director, sin embargo, no deja de resaltar, subjetivamente, una serie de principios que ayudan a generar el efecto de tensión y desesperación en el espectador. Estos principios, suerte para mí, son simplemente enumerados en el inicio de la película: se trata de las condiciones que hacen imposible la vida en el espacio (aquello que hace al espacio amenazante), y además, un rasgo del espacio que el director prima sobre el resto, muy productivo a la hora de generar terror: en el espacio no hay nada que transporte el sonido.

Dichos elementos se aplican en el segundo tipo de secuencia: la secuencia de alternancia, la que genera el shock,  la que da a la película su componente dramático y su suspenso: la claustrofobia y la sensación de ahogo son dos objetivos iniciales del film (si esto es lo que les llama la atención del filme, les recomiendo Buried, de Rodrigo Cortés). Digo de alternancia, porque vemos en estas escenas, un silencio absoluto interrumpido bruscamente: el efecto de shock, la sorpresa.

En cuanto al argumento, hay que decir que este es, muchas veces, el medio por el cual las sensaciones fluyen. El argumento de este filme no es la excepción. Dicha historia permite un despliegue visual muy amplio y también, facilita al director el generar las sensaciones antes nombradas. Por lo tanto, es un argumento que responde a ciertos objetivos, una herramienta del director más que un pilar de la dirección.

En cuanto al aspecto visual cabe destacar ciertas herramientas tales como: el manejo de las distancias (produce la sensación de la inmensidad del espacio), la grabación desde la primera persona (produce un efecto de realismo y de compartir lo sentido por el personaje), la oscuridad (también mejora el efecto de inmensidad), la luz (que se relaciona a la seguridad y la tranquilidad), los primeros planos (enmarcan los gestos faciales con mucha mayor contundencia), entre otros. Vemos que el director saca provecho de la cámara y, en este caso, de la computadora también, para hacer un despliegue visual avasallante.

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Como la mayoría de las películas de Ciencia Ficción, la concepción de la vida espacial en Gravity no podría haber sido posible sin Kubrick y su Odisea. Su visión del espacio y sus características, contrastante a la realidad física de la tierra, fue innovadora, y marcó la visión de los directores siguientes, como por ejemplo Cuarón. El director mexicano realiza varias referencias a la obra de Kucrick para explicitar esta deuda.

Cortesía de Posts & Chips

Cortesía de Posts & Chips

El tema que se trata es la actitud que se toma ante la muerte, su aceptación o su negación. Ambos personajes presentan diferencias en esta aceptación. Aunque este no fue el elemento que más captó mi atención en el filme (me parece que esta pobremente realizado, debido a la falta de profundización en los personajes, que hace que sea dificil que el espectador realice una catarsis certera), es un elemento que está presente y es acompañado por la tensión.

Tenemos, en resumen, un filme incompleto por su falta de profundización de los personajes (creo que este aspecto en parte fue un sacrificio que tuvo como objetivo lograr una economía de la duración de la obra), pero sin duda un punto importante en la evolución de la representación del espacio y la más grande joyita del director.

Para otros puntos de vista sobre la película:

-Para una mejor opinión sobre la función 3D: http://newsyep.com/2013/11/18/gravity-3d-2013-review-by-sivakumar/

-Para una visión acertada y feminista sobre el filme: http://lisathatcher.wordpress.com/2013/12/01/gravity-alfonso-cuaron-retells-kubric-and-tarkovsky-in-a-feminist-reading-film-review/

Análisis de los viernes: Oblivion (2013) – El sci-fi visual por excelencia

En el año 2073, la tierra se encuentra destruida e inutilizada por una guerra nuclear ocurrida 60 años en el pasado, que confrontó a los humanos con una raza alienígena carroñera. Los humanos se han mudado a una de las lunas de Saturno, dejando a un pequeño grupo en la tierra para defender los recursos terrestres, necesarios para el desarrollo de la vida humana fuera del planeta. Jack Harper, uno de estos soldados, luego de un incidente que interrumpe su trabajo, comienza a cuestionarse la verdadera naturaleza de su vida, y de la verdad.

(El mejor trailer que pude conseguir)

El “heredero” de Tron, se encarga de dirigir esta cinta de ciencia-ficción. Joseph Kosinski, el que se dedicaba a dirigir comerciales para Halo, que fue elegido para hacerse cargo de la incierta secuela de Tron, lleva adelante la adaptación de un comic inexistente (A los que le interesa saber más sobre la historia del comic inexistente haga click acá).

Si hay algo que debemos admitirle al director es su maravillosa habilidad para poner en escena. Uno de las características que más mantienen a esta película de decaer absolutamente es la fotografía. Kosinski utiliza las imágenes para sumergirnos en un universo fantástico, de ciencia ficción no solo creíble, sino asombroso, realista y dinámico, en cuanto vemos estéticas naturalistas, tecnológicas, bélicas, y una de las más fabulosas tierras post-apocalíptica que he visto.

Habiendo pasado eso, podemos apreciar que Joseph Kosinski no es un narrador. (spoilers) Pretende manejar una trama doble, una historia que se dobla sobre sí misma al mejor estilo Matrix. Trata, como puede, de plantear ambas historias por separado, de hacerlas encontrarse en un choque energético, y que la segunda triunfe (la verdad) sobre la primera (la mentira). Este tipo de tramas es muy usual en filmes de ciencia ficción, y el ejemplo paradigmático es el antes mencionado filme de Andy y Lara Wachowski (fin de spoilers).

El principal problema que existe en la narrativa de Oblivion es la utilización de los tiempos: si dividimos en tres partes la película, vemos que la primera hora es utilizada para plantear una historia que luego será desmentida por una segunda historia, cuyo planteo se hará en quince minutos, dejando solo media hora para la resolución del conflicto. Entre todo, el planteamiento de la segunda historia es vago y deja con ganas de más, y el final es despelotado y apresurado, por lo tanto, mal logrado.

Uno de los tantos paisajes deslumbrantes de Oblivion

Uno de los tantos paisajes deslumbrantes de Oblivion

Sin duda esta no es tarea fácil, y Kosinski se maneja como puede. Si bien existe un problema central relacionado al manejo de la narración, y que de alguna manera molesta , su influencia no es grande, ya que permite, no solo que la película sea de un disfrute total, sino que la historia sea comprendida naturalmente. Además, estas faltas en la narrativa están ampliamente equilibradas por el interés visual que genera la cinta.

Tenemos un director que es un profesional para hacer real un mundo imaginario (a mi parecer, más astuto y sabio que el Michael Bay), pero que no logra contar una historia con el mismo orden o contundencia con la que lo harían los Wachowski en 1999. Tenemos un grupo de escritores que, salvo alguna línea, no generan un diálogo atractivo. Tenemos un Tom Cruise frágil, que por momentos fastidia por su constante monotonía, y que cancela cualquier oportunidad de profundización psicológica o de conexión hacia su personaje. Tenemos un filme cuya fotografía funciona como un escudo ante todo esto, que le permite, por sí sola, permanecer en un margen “atractivo”, no caer en lo banal, en lo trillado, para no ser oscurecida por su protagonista (hubiera querido que Morgan Freeman interprete todo el filme) ni por la inconsistencia en su narrativa.

Oblivion es un engaño, una película no tan bien narrada, pero tampoco tan mal, un protagonista de piedra, pero también es un festín de imágenes: la realización de la imaginación de muchos, una tierra devastada pero orgullosa en su belleza. Con un mejor equipo de escritores, con un protagonista más simpático, Oblivion sería mucho más que un 7/10, un filme que pelea a cada instante contra sus defectos, sostenida por una narrativa gastada pero efectiva, y un desarrollo visual de puta madre.

7 estrellas

Análisis de los viernes: The Wolverine (2013) – ¿La última decepción?

“En una historia alterna a X-Men Origins: Wolverine (2009), y continuando la historia de Wolverine luego de asesinar a su amada Jean Grey (X-Men. La decisión final -2006-), Logan es convocado a Japón para despedir a un viejo amigo a punto de morir. El protagonista se ve envuelto en una guerra que relaciona a la mafia Yakusa y los samurais, y entre tanto, su capacidad regenerativa es anulada, por lo que se ve enfrentado al conflicto moral y físico de renunciar a su inmortalidad o recuperarla, y de encontrar un sentido a la vida luego de la muerte de Jean.”

(Trailer bastante respetable)

El cine de X-Men nunca fue de mi total aceptación. No conozco con gran intensidad las variantes de la historia que hay en los comics, pero manejo un poco el tronco principal de la cronología de los mutantes.

Habiendo dicho esto, creo que, si alguno de los directores que se han hecho de la franquicia realizó un trabajo respetable, ha sido Matthew Vaughn en la última X-Men: Primera generación (2011). Sin duda que la influencia de Bryan Singer es positiva a la saga, aunque aquellas que ha dirigido no me parecen buenas.

Lobezno Inmortal, o más simplemente, The Wolverine, sigue una linea de sucesos que pertenecen al universo del filme de Vaughn, y que están directamente relacionados con él. Esto de primera me parece un buen signo, ya que la historia alternativa de X-Men Origins: Wolverine es un error de principio a fin, y veo como buena acción haberla descartado para mantener un hilo cronológico coherente con la serie de filmes que inició Vaughn, lo mejor logrado hasta ahora.

Entrando en el filme en cuestión, podemos ver que los primeros treinta minutos de la película son muy entretenidos (la primera escena es la más espectacular que he visto en toda la saga). Sin embargo, a medida que la cinta y la historia avanzan, la narrativa se va hundiendo poco a poco, y cae en lo monótono para cuando nos enfrentamos a un segundo acto.

(spoilers) La primera media hora de la película es buena. No muestra solo la intensidad del fuego de Nagazaki, sino que presenta a un Wolverine distinto: su motivación es la misma (la inmortalidad es una condena ya que está destinado a acumular sufrimiento y no poder descansar jamás), pero la forma de encarar al personaje es distinta, tal vez la idea de un Wolverine reflexivo que tiene James Mangold no es tan trillada como lo ha sido en otros directores, y tal vez, Mangold entiende que la reflexión y la acción bien pensada pueden ir de la mano. (fin de los spoilers).

Sin embargo, cuando la trama avanza a un segundo acto, comienza a desarrollarse una historia de amor poco lúcida, sin profundidad, sin lógica, que no comienza en ningún lado y que no termina en ningún lado. A medida que esta parte de la historia se desarrolla la acción decae, perdemos al Wolverine reflexivo, al antiheroe, y obtenemos un Lobezno que parece una caricatura.

La perdida sustancial del protagonista y la falta de desarrollo de cualquier otro personaje (prácticamente ninguna actuación es rescatable en este filme, siendo la de Hugh Jackman algo siempre visto) llevan el resto de la película a un inminente fracaso, que ni la animación estrambótica y poco agradable, ni los ninjas pueden salvar. La acción, que en un principio era uno de los pilares del filme, se derrumba irremediablemente.

wolverine inmortal

Avanzamos entonces más adentro hacia el trama, cuando el director pierde una visión ordenada de los actos. Los sucesos se dan de forma despelotada, los villanos son básicos y sin una motivación o psicología fuerte (ninguno causa ningún tipo de sensación), y aquello que llevaría a Logan a un extremo mental y físico termina siendo un chiste inconsecuente.

Hacia el resto de la producción puedo decir, excelente trabajo en la primera escena. Recomiendo ver la primera secuencia y la que aparece luego de los créditos y usar esta última como un teaser para el próximo trabajo de Singer con X-Men: Days of Future Past (2014), donde, esperemos, habrá un tratamiento positivo de este genial personaje, que se lo merece. Esperemos que esta sea la última decepción por parte de la franquicia. Un 5/10 para el Wolverine japonés.

5 estrellas

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