El dios sin Dios

Muchas son las posturas o corrientes que giran en torno a la existencia o no de una (o más) divinidad. Podemos agrupar cada una de ellas en diferentes grupos, siguiendo distintos parámetros; o incluso podemos distinguir, dentro de cada una, ciertas variaciones o subgrupos que, si bien comparten una base general, luego siguen caminos alejados entre sí.

De esta manera, podemos mencionar las “posturas” más conocidas: el ateísmo, el agnosticismo, las distintas religiones, el deísmo, etc. Como dijimos, podemos analizar cada uno y ver, desde este o aquel aspecto, ciertas similitudes. Sin embargo, hay una concepción o forma de ver el mundo que, a mi modo de entender, es sumamente particular (y que hasta ahora no he nombrado). ¿Cuál es? El panteísmo.

Hay que reconocer, primero, que el panteísmo no posee demasiados adeptos, si lo comparamos con las otras visiones del mundo (especialmente las religiones) –Albert Einstein fue, posiblemente, el más famoso partidario de esta corriente en el último siglo-. Tal vez este sea el motivo (¿o justamente en el sentido inverso?) de que su doctrina no esté tan difundida, o no se sepa con precisión qué es lo que defiende. Repasemos, entonces, cuál es su significado. La última versión de la R. A. E. ofrece esta única acepción:

Panteísmo: Sistema de quienes creen que la totalidad del universo es el único Dios.

Hay varias cosas para destacar. Primero, es importante entender al panteísmo como un modo de ver el mundo, como un sistema filosófico; pero no como una religión. La religión implica: dogmas, sentimiento de amor y temor hacia el dios, normas para la conducta, y ritos de adoración. Es decir, nada más alejado al panteísmo.

Por otro lado, uno de los elementos que más me llama la atención (y que por otro lado más atrayente la hace) de este sistema es el hecho de que cree en un dios o ser supremo, sin que de ello se derive necesariamente la creencia en divinidades no-físicas, o en un “más allá”. No hace falta creer en nada “especial”, en ningún sujeto misterioso o superior a la realidad; el dios del panteísmo es “evidente”.  Por todo esto, es una postura netamente materialista.

En este sentido, ninguna religión que yo conozca, y ningún tipo de deísmo o teísmo se le parece. El pensar a la totalidad de la materia y la energía como una única cosa, como un único ser, que vive y se manifiesta de y en diferentes maneras (más pequeñas, por supuesto), es completamente distinto a creer en el dios judeocristiano, por ejemplo.

Últimamente había asociado, de manera casi inmediata, a este sistema con una de las cualidades que se le atribuye al dios cristiano: la omnipresencia. Visto de una manera muy general, no parece demasiado raro confundir estos términos. Pero si uno se detiene a compararlos (y no hace falta ser un genio para darse cuenta), la distancia entre uno y otro es considerable.

La omnipresencia es la “presencia a la vez en todas partes”. Siguiendo la tradición cristiana, Dios es omnipresente dentro de la creación (su creación). Está, simultáneamente, presente en cada punto del universo; pero al mismo tiempo no está determinado o limitado a ningún objeto o lugar (porque además es infinito). En el panteísmo nada de esto está presente; no hay ningún creador, porque no hay diferencia entre creador y creación. El universo existe y ése es el máximo ser. Dios no está en todo: dios es todo, y todo es dios. Sobre su origen no se dice concretamente nada (al menos, remitiéndonos a la definición).

Entonces, ¿qué es dios para los panteístas? La totalidad del universo. ¿Cuáles son sus cualidades, sus atribuciones? No está muy claro esto, aunque podría entendérselo como a un ser físico o natural cuyas “partes” u “órganos” son cada grano de materia y energía existente. Lo más llamativo de todo esto reside, entonces, en el creer en un dios sin Dios.

NGC 3372

A %d blogueros les gusta esto: