Análisis de los viernes: The Wolverine (2013) – ¿La última decepción?

“En una historia alterna a X-Men Origins: Wolverine (2009), y continuando la historia de Wolverine luego de asesinar a su amada Jean Grey (X-Men. La decisión final -2006-), Logan es convocado a Japón para despedir a un viejo amigo a punto de morir. El protagonista se ve envuelto en una guerra que relaciona a la mafia Yakusa y los samurais, y entre tanto, su capacidad regenerativa es anulada, por lo que se ve enfrentado al conflicto moral y físico de renunciar a su inmortalidad o recuperarla, y de encontrar un sentido a la vida luego de la muerte de Jean.”

(Trailer bastante respetable)

El cine de X-Men nunca fue de mi total aceptación. No conozco con gran intensidad las variantes de la historia que hay en los comics, pero manejo un poco el tronco principal de la cronología de los mutantes.

Habiendo dicho esto, creo que, si alguno de los directores que se han hecho de la franquicia realizó un trabajo respetable, ha sido Matthew Vaughn en la última X-Men: Primera generación (2011). Sin duda que la influencia de Bryan Singer es positiva a la saga, aunque aquellas que ha dirigido no me parecen buenas.

Lobezno Inmortal, o más simplemente, The Wolverine, sigue una linea de sucesos que pertenecen al universo del filme de Vaughn, y que están directamente relacionados con él. Esto de primera me parece un buen signo, ya que la historia alternativa de X-Men Origins: Wolverine es un error de principio a fin, y veo como buena acción haberla descartado para mantener un hilo cronológico coherente con la serie de filmes que inició Vaughn, lo mejor logrado hasta ahora.

Entrando en el filme en cuestión, podemos ver que los primeros treinta minutos de la película son muy entretenidos (la primera escena es la más espectacular que he visto en toda la saga). Sin embargo, a medida que la cinta y la historia avanzan, la narrativa se va hundiendo poco a poco, y cae en lo monótono para cuando nos enfrentamos a un segundo acto.

(spoilers) La primera media hora de la película es buena. No muestra solo la intensidad del fuego de Nagazaki, sino que presenta a un Wolverine distinto: su motivación es la misma (la inmortalidad es una condena ya que está destinado a acumular sufrimiento y no poder descansar jamás), pero la forma de encarar al personaje es distinta, tal vez la idea de un Wolverine reflexivo que tiene James Mangold no es tan trillada como lo ha sido en otros directores, y tal vez, Mangold entiende que la reflexión y la acción bien pensada pueden ir de la mano. (fin de los spoilers).

Sin embargo, cuando la trama avanza a un segundo acto, comienza a desarrollarse una historia de amor poco lúcida, sin profundidad, sin lógica, que no comienza en ningún lado y que no termina en ningún lado. A medida que esta parte de la historia se desarrolla la acción decae, perdemos al Wolverine reflexivo, al antiheroe, y obtenemos un Lobezno que parece una caricatura.

La perdida sustancial del protagonista y la falta de desarrollo de cualquier otro personaje (prácticamente ninguna actuación es rescatable en este filme, siendo la de Hugh Jackman algo siempre visto) llevan el resto de la película a un inminente fracaso, que ni la animación estrambótica y poco agradable, ni los ninjas pueden salvar. La acción, que en un principio era uno de los pilares del filme, se derrumba irremediablemente.

wolverine inmortal

Avanzamos entonces más adentro hacia el trama, cuando el director pierde una visión ordenada de los actos. Los sucesos se dan de forma despelotada, los villanos son básicos y sin una motivación o psicología fuerte (ninguno causa ningún tipo de sensación), y aquello que llevaría a Logan a un extremo mental y físico termina siendo un chiste inconsecuente.

Hacia el resto de la producción puedo decir, excelente trabajo en la primera escena. Recomiendo ver la primera secuencia y la que aparece luego de los créditos y usar esta última como un teaser para el próximo trabajo de Singer con X-Men: Days of Future Past (2014), donde, esperemos, habrá un tratamiento positivo de este genial personaje, que se lo merece. Esperemos que esta sea la última decepción por parte de la franquicia. Un 5/10 para el Wolverine japonés.

5 estrellas

Brasil (1985)

La distopía triunfa en la sociedad industrial moderna en la que vive el desamparado Sam Lowry, un empleado público cuya vida se limita a un trabajo mediocre y restringido. Nuestro pequeño héroe se verá enredado en una serie de acontecimientos que no lo toman por partícipe. En esta comunidad deshumanizada, él solo es un peón que acciona (no reacciona), que sigue un papel predeterminado y necesario para el funcionamiento de la maquinaria burocrática que es esta ciudad llena de tubos.

En esta instancia, el argumento se presenta como una excusa, un medio utilizado por Gilliam para plasmar una estética y una mirada determinada de la sociedad. Exagerada en muchos casos, a veces, hasta el punto de generar una sensación de surrealismo o falta de realidad, que complementa una primera estética futurista. La sociedad es maquina y movimiento: los tubos que conectan las partes y el desorden de una arquitectura pensada para la vida funcional. Los planos varían pero mantienen una constante: oscuridad, un tono grisáceo y falto de color (esta sensación se perdería al ver la película en blanco y negro), un vapor constante que proviene de las máquinas, el cual crea una atmósfera cargada, y por momentos, aparatos que producen escalofríos, máquinas de tortura, escombros, suciedad y cadenas.  Gilliam recoge los rastros de estos elementos artísticos para crear su metrópolis, en la que se funda la decadencia de lo práctico, y se encuentran los delirios de Lowry.

Sam Lowry

Un correcto Jonathan Price da vida a este personaje, que representa, entre otras cosas, la imagen de un hombre que ha sido configurado por su entorno, y que encuentra, en su amada, la primera ventana a la realidad. Desde este enamoramiento, Lowry no vuelve a ser el mismo, en cuanto comienza a observar a su sociedad con otros ojos. En su desesperación por encontrar aquello que es puro, comienza a desentonar de forma torpe y brusca con aquella ciudad que había decidido su vida, conducta, pensamientos y destino.

El director encuentra en su protagonista el elemento de contraste que nos permite apreciar el principal elemento que mueve la forma de evolucionar de este sociedad: la deshumanización. El ritmo como privilegio máximo, lo útil como objetivo último. Esta filosofía lleva a los hombres a generar un estilo de vida impersonal, que elimina la posibilidad de desarrollo interior, de apreciación por la belleza, de creatividad. Sam es, dentro de este aparato, una tuerca que se ha salido de su lugar y rebota aleatoriamente en un reloj que no funciona. La desigualdad social, el absolutismo y el terrorismo de estado son también, elementos que Gilliam cree convenientes en su distopía.

El encargado de llevar a cabo esta filmografía es Roger Pratt, quien también se ha encargado de proyectos como 12 monos, la olvidable Batman de Tim Burton, y dos películas de la saga de Harry Potter. Lo acompaña Michael Kamen, quien compuso la música para esta película, y a quien encontramos en otros filmes como Duro de Matar o Arma Mortal. El trabajo de Pratt llevó a la película a tener una nominación al Oscar por mejor dirección artística.

(Spoilers) Toda esta estética de decadencia, un argumento plasmado en una sociedad oscura y tenebrosa, no puede concluir de otra forma. Con genialidad en este caso, Gilliam realiza lo necesario para que el final de este filme sea el indicado: lo disfraza, ya que lo hace impredecible, pero lo realiza de tal forma que, una vez contemplado, no queda otra que considerar que este desenlace era el único posible desde el principio. La escena más sombría y escalofriante de la película nos presenta al propio Sam, aprisionado a una silla de tortura, en el más amplio abismo donde reina la tiranía y el desinterés, liquidado tras su batalla con el Gran Samurai, absorto en una canción, la cual tararea en un arrebato de locura:

Nos encontramos, en resumen, ante una tragicomedia, un drama y una película de ciencia ficción que nos presenta una sociedad distópica, que se caracteriza por una industrialización que lleva a la deshumanización, un gobierno autoritario, desigualdad social, pobreza y terrorismo de estado, y dentro de él, un protagonista que encarna a todas las víctimas de este monstruo. Una obra completa, con una estética definida, un argumento simple, claro, y complementado, y una fuerte visión de lo tenebroso, lo oscuro, y del inconciente humano que se muestra en pequeñas explosiones,  limitado y restringido por este gigante reloj. Brazil es un 8/10 indudablemente.

The 13th Warrior – Where the brave may live forever.

Es curioso como una película llega a ser recomendada. Por eso es importante tener varias fuentes a la hora de elegir películas para ver. Esta no fue recomendada por un bloggero, mucho menos por un crítico. Esta es la película favorita de mi tío, y a el hago honor en este pequeño análisis.

13 Guerreros es un filme protagonizado por Antonio Banderas y dirigido por John McTiernan (Duro de Matar).

Antonio Banderas at the Shrek the Third London...

Antonio Banderas

Nos relata la historia de un joven árabe cuyo nombre resulta imposible de recordar. Ahmed Ibn Fahdlan es un poeta, exiliado de su tierra y enviado a las tierras del norte, donde comienza a fraternizar con un grupo de Vikingos o “Hombres del Norte”. Los vikingos deben enfrentarse a una tribu de salvajes, para defender a un pueblo indefenso.

Si bien el estilo de actuación de Antonio Banderas no me parece peculiarmente bueno, sus papeles siempre tienen un cierto encanto.

Haciendo la mirada gorda sobre un par de errores o actuaciones algo molestas, lo positivo de 13 guerreros no está en un increíble guión (adaptación de la novela de Michael Crichton). Tal vez, la introducción de la historia es algo rápida, la desaparición del principe como posible enemigo es inexplicable, o la velocidad con la que Ahmed pasa de ser un poeta a un guerrero sin entrenamiento, sea ilógica.

Sin embargo, la película de McTiernan tiene varios positivos, centrados en la caracterización del siglo V y la interacción de las culturas. El personaje de Banderas es recordable, debido a varias  peculiaridades, y al vínculo de hermandad que logra con sus compañeros luchadores.

Puede ser, pisando pozos, 13 guerreros enmarca dulcemente una historia. Las escenas de batalla son realistas. Para los amantes del género y de las batallas épicas a espada, puede ser una película memorable. La recomiendo si quedaste en vigilia luego de ver Gladiador.

Midnight in Paris – Una comedia encantadora.

Woody Allen es un astro director de hollywood. Tiene una ámplia filmografía en la cual abarca interminables temáticas y una gran variedad de enfoques.

Midnight in Paris tiene una historia por demás peculiar y encantadora: Una pareja joven (Owen Wilson y Rachel McAdams) realizan un viaje a París, acompañando al padre de Inez en su viaje de negocios. Gil es un escritor que sueña con apartarse de Hollywood y triunfar con su nueva novela.

Una ves en Paris, Gil comienza a tener aventuras nocturnas, donde conoce figuras artísticas legendarias, como Ernest Hemingway o Scott Fitzgerald.

En un comienzo, Allen hace una introducción bellísima de París. Teniendo como fondo la bellísima melodía “Bistro Fada” de Stephane Wrembel, y haciendo gala de un filtro sepia que da una tonalidad cariñosa y amigable, Allen recorre la ciudad con su cámara, intentando captar el atractivo de la bohemia parisina.

Luego, se sumerge de lleno en un universo fantástico. En este punto, me sentí muy identificado tanto con el protagonista como con la historia. Siendo un arduo obsesivo de la literatura, el mundo de fantasía que Woody crea me es irresistible.

Mediante una serie de actores que no interpretan nada mal (me gustó mucho Kathy Bates como Gertrude Stein y Adrien Brody como Salvador Dalí) Allen hace tantear a nuestro personaje entre una realidad (el presente) y otra realidad alterna (el pasado), planteando las causas de un fenómeno que nos ocurre a todos: La insatisfacción respecto a nuestro presente. Todos queremos pertenecer a alguna época pasada o futura. Admiramos sus obras, sus personajes, sus fachadas o sus costumbres. Así, Adriana considera como la época cumbre de Paris a la Belle Époque, mientras que los artístas que existen en este tiempo añoran vivir en el renacimiento.

Este inconformismo constante es uno de los conflictos que el personaje de Owen Wilson debe enfrentar. Mientras tanto, se codea con literatos extraordinarios como Djuna Barnes o pintores como Picasso.

Mientras Allen crea la atmósfera de la época surrealista del arte parisino, no se deja llevar totalmente, si no que mantiene un humor leve y crucial que se manifiesta en una comedia delicada y relacionada con objetos de valor cultural.

Otro de los temas que se plantean (nunca falta en obras del neoyorquino) es el constante conflicto de amor que Gil busca solucionar, perdido en las calles de la ciudad francesa. Luego de conocer a Adriana (una encantadora Marion Cotillard) comienza a dudar de su relación con Inez, y su afición por la literatura y por la ciudad luz empiezan a apoderarse de su forma “lógica” de pensar.

Woody Allen nos trae una comedia cautivadora (nunca deja de ser romántica, ya que transcurre en París), que triunfa por su ambientación profesional y la innegable atracción de la sociedad europea de época.

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