El Inmortal (Jorge Luis Borges): el límite como dador de sentido

El Inmortal, publicado por primera vez en 1947, sería incluido dos años después en una de las obras de mayor reconocimiento y popularidad del autor: El Aleph. Fiel a su estilo, Borges juega a lo largo de los diecisiete cuentos con la relación realidad-ficción, confundiendo y provocando al lector.

El escritor argentino utiliza en este caso una estructura “enmarcada” para narrar los hechos; es decir que a medida que leemos nos encontramos con diferentes niveles o marcos que delimitan los relatos. Para entender cada uno de ellos, para identificar en cuáles participa cada personaje; y también para comprender como se articulan todos ellos, es decir cuál es la relación entre cada capa, es necesaria una lectura cuidadosa, atenta a los detalles.

El segundo de los niveles presentes en el texto, el más extenso, es narrado por Marco Flaminio Rufo, un tribuno militar romano. Todo lo que este personaje nos relata es en realidad el contenido del manuscrito que él mismo escribió (estrictamente es una traducción al español; el mensaje original estaba en inglés), y uno de los personajes del “primer nivel” encontró posteriormente.

Según las referencias dadas, ubicamos a Rufo entre fines del siglo III y principios del IV. Movido por la curiosidad, el personaje se propone encontrar la Ciudad y el río de los Inmortales, cuya existencia conoce a causa de un viajero.

Con más de doscientos hombres a su mando, Rufo parte de Arsinoe, con dirección al desierto. A lo largo de la expedición, pierde por diversos motivos (muerte, locura, extravío) a todos sus súbditos. Herido por una flecha, agotado y sediento, quedó a merced del recorrido que, azarosamente, hiciera su caballo. “Insoportablemente soñé con un exiguo y nítido laberinto: en el centro había un cántaro; mis manos casi lo tocaban, mis ojos lo veían, pero tan intrincadas y perplejas eran las curvas que yo sabía que iba a morir antes de alcanzarlo”.

Tras esa serie de eventos desafortunados, despierta maniatado, en un nicho de piedra. Al levantarse, comprende que está muy próximo al ansiado destino. También descubre alrededor suyo la presencia de unos hombres de piel gris, barbudos y desnudos, a quienes juzga de trogloditas.

A partir de este punto, Rufo explorará la ciudad, conocerá a los seres que viven en torno a ella y vivirá por años junto a ellos; hasta que la llegada de un suceso extraordinario desencadene un espectáculo mucho más asombroso y revelador. Aquí, un breve fragmento que ilustra los días de Rufo durante ese período.

“Fracasé y volví a fracasar. Los arbitrios, el rigor y la obstinación fueron del todo vanos. Inmóvil, con los ojos inertes, no parecía percibir los sonidos que yo procuraba inculcarle. A unos pasos de mí, era como si estuviera muy lejos. Echado en la arena, como una pequeña y ruinosa esfinge de lava, dejaba que sobre él giraran los cielos, desde el crepúsculo del día hasta el de la noche. Juzgué imposible que no se percatara de mi propósito. (…) Pensé que Argos y yo participábamos de universos distintos; pensé que nuestras percepciones eran iguales, pero que Argos las combinaba de otra manera y construía con ellas otros objetos; pensé que acaso no había objetos para él, sino un vertiginoso y continuo juego de impresiones brevísimas. Pensé en un mundo sin memoria, sin tiempo consideré la posibilidad de un lenguaje que ignorara los sustantivos, un lenguaje de verbos impersonales o de indeclinables epítetos. Así fueron muriendo los días y con los días los años, pero algo parecido a la felicidad ocurrió una mañana. Llovió, con plenitud poderosa”.

 

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Dos son los temas centrales en la obra: primero, el de la muerte como límite y sentido del hombre; segundo, el concebir el transcurso del tiempo como el resultado de una necesidad u orden supremo, que inclina o tiende todas las cosas hacia un equilibrio universal.

En el texto se sugiere que la muerte, límite insuperable para todos los seres, es en realidad lo que salva a la humanidad. La rescata de caer en la falta de motivaciones, de estímulos y convicciones; la rescata de perder el interés, la voluntad por moverse; y fundamentalmente la salva de caer y perderse en la nada. Porque el saberse humano (=finito) significa ser, y ser de manera determinada (se dice en el cuento que ser indefinidamente, ser todo, equivale a no ser); es decir poseer una identidad.

“La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Éstos conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser el último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo, entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso. Entre los Inmortales, en cambio, cada acto (y cada pensamiento) es el eco de otros que en el pasado lo antecedieron, sin principio visible, o el fiel presagio de otros que en el futuro lo repetirán hasta el vértigo. No hay cosa que no esté como perdida entre infatigables espejos. Nada puede ocurrir una sola vez, nada es preciosamente precario. Lo elegíaco, lo grave, lo ceremonial, no rigen para los Inmortales”.

El énfasis que se hace en el valor de lo precario, lo fugaz, es notable. Nada es eterno para el hombre, parece decir el narrador; lo infinito lo atrae, lo provoca, indudablemente; pero al mismo tiempo lo supera por todas partes. Lo desborda, porque no le es propio. La vida, para que sea humana, necesita de una muerte; o al menos, de una certeza de muerte, porque es lo que la define.

Por otro lado, el otro eje que identificamos en el texto es el de la idea del destino –y todo lo que ello implica– que tiende al equilibrio. Esta manera de concebir la realidad es sumamente antigua; basta con analizar el pensamiento relativo al Estoicismo (nace aproximadamente en el 300 antes de Cristo), por tomar un ejemplo. Lo aquí escrito por Borges se basa en dicha corriente filosófica, que plantea la existencia de un destino armonioso, regido a través de un logos, cuyos elementos se encuentran en profunda interrelación entre sí. La incapacidad humana de comprender el “funcionamiento” del mundo exterior desemboca en la creencia en el azar. Varios elementos de similar naturaleza fueron planteados por algunos de los llamados filósofos presocráticos, como Parménides y Heráclito, siglos antes.

En la obra esta idea se ve reflejada en los mismos Inmortales, quienes creían en un sistema de compensación.

“Así como en los juegos de azar las cifras pares y las cifras impares tienden al equilibrio, así también se anulan y se corrigen el ingenio y la estolidez, y acaso el rústico Poema del Cid es el contrapeso exigido por un solo epíteto de las Églogas o por una sentencia de Heráclito. (…) Sé de quienes obraban el mal para que en los siglos futuros resultara el bien, o hubiera resultado en los ya pretéritos… Encarados así, todos nuestros actos son justos, pero también son indiferentes. No hay méritos morales o intelectuales. Homero compuso la Odisea; postulado un plazo infinito, con infinitas circunstancias y cambios, lo imposible es no componer, siquiera una vez, la Odisea. Nadie es alguien, un solo hombre inmortal es todos los hombres. Como Cornelio Agrippa, soy dios, soy héroe, soy filósofo, soy demonio y soy mundo, lo cual es una fatigosa manera de decir que no soy”.

El saberse parte de un todo, no sólo independiente de nuestra voluntad, sino totalmente decisivo en nuestra vida (es decir que nosotros dependemos de él), es una imagen terrible para cualquiera. Concebir al mundo, a la totalidad de las cosas como producto de una fuerza imperturbable, inmutable, desalienta sin duda al más optimista. Cada acto, cada decisión, cada vínculo; pero aún: cada pensamiento, cada sensación, cada anhelo, cada miedo y cada convicción; en definitiva todo lo que nos es propio, lo más íntimo de nuestro ser, no es en realidad más que una mínima expresión de un inmenso cosmos, con vida propia, del que somos parte.

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Homero, supuesto autor de la Odisea

¿Por qué prohibieron el circo? – Mempo Giardinelli

¿Por qué prohibieron el circo? es la primera novela publicada del autor chaqueño Mempo Giardinelli. En ella, se denuncian la pobreza e ignorancia que azota los sectores más pobres del país (en este caso de su provincia natal), y en segundo término el accionar violento de la anteúltima dictadura militar, la instaurada tras la llamada “Revolución Argentina”. Por otro lado, y desde un punto de vista más “individual”, se expresan ciertos planteos y reflexiones acerca de la felicidad, el sentido de la existencia, la muerte, la resignación, y la soledad, entre otros temas.

Antonio Oroño, un joven de treinta años, llega desde Resistencia a Colonia Perdida con el fin de reemplazar al viejo maestro del pueblo, quien ha pedido la jubilación. Se trata de una aldea de ínfima extensión, perdida entre el monte y la selva chaqueña, que apenas supera el centenar de habitantes.

Palacio, quien se ha encargado de dar clases en la escuela durante los últimos cuarenta y cuatro años, recibe a Toño (así se apoda el protagonista) y le explica de manera superficial cómo es la vida en el pueblo. Según lo relatado por el hombre, la aparente tranquilidad característica se transforma luego en quietud, soledad y acostumbramiento. Desde su perspectiva, ese es el mayor riesgo que se corre al vivir en el caserío.

“Juan Palacio dice estar convencido de que por más que uno se resista, a la larga termina adaptándose y se resigna. Los hombres resignados son como líneas rectas, no tienen perspectiva. Entonces uno se achata, se recuesta en su propia soledad y acaba despreciando a la gente, al pueblo, a uno mismo. Es que uno se contradice y se traiciona permanentemente: justo cuando va a decir se acabó, planto y me voy, decide esperar hasta mañana. Y mañana se convence de que no está tan mal como está. Y lo peor es que, siempre, cuando uno se da cuenta ya es tarde”.

La primera de las tres partes en que se divide la novela narra, en definitiva, la llegada del maestro, y también sus primeras impresiones acerca del pueblo. Al principio no logra comprender cómo la gente puede vivir de esa manera, dejando simplemente que el tiempo transcurra, limitándose a completar su rutina. Sin embargo, esta primera impresión y las preguntas que se plantea se basan en una parte muy pequeña de la realidad. Lo que hasta el momento ha conocido no es más que la máscara que recubre a Colonia Perdida y sus habitantes.

La segunda parte, que por otro lado contiene lo que comúnmente llamamos “nudo” o desarrollo de la novela, es la más extensa. A medida que, junto al protagonista, conocemos nuevos personajes y nuevas voces, el panorama que tenemos del pueblo se va ampliando. Las conversaciones con los hacheros, comerciantes, el intendente, y los mismos alumnos de la escuela le ayudan a conocer, junto a sus caminatas por el monte, un poco más acerca de las costumbres y forma de vida que se lleva en Colonia Perdida.

Poco a poco, las preguntas que se había formulado Toño acerca de la misteriosa “calma” que caracteriza a Colonia Perdida van obteniendo sus respuestas. La pasividad y quietud inicial tiene su explicación en la resignación y miedo de los habitantes ante el orden impuesto por los más poderosos. La falta de cuestionamientos, convicciones y deseos por cambiar dicho orden tienen su origen en la ignorancia de éstos, y en el aislamiento respecto de otras ciudades, fomentado por las mismas autoridades.

¿Por qué, entonces, nos encontramos frente a dichas problemáticas? ¿Cuál es el origen, el motivo de esta situación? Básicamente, el deseo de la clase dominante de mantener su cómoda posición. Este sector social incluye al intendente, a los empresarios dueños del algodonal y el obraje (de donde se obtiene la madera de quebracho), y a sus respectivas familias. El mayor objetivo de Marcelino Grande, máxima autoridad de Colonia Perdida, es “tener a raya a los que están en su contra”.

Dicho sector, con el fin de obtener el mayor provecho posible, y a la vez mantener su posición de privilegio, explota a los hacheros y algodoneros de forma indiscriminada. No tiene en cuenta ningún tipo de derecho laboral a la hora de contratar a sus empleados. En realidad, no los respeta no sólo como trabajadores, sino que también abusa de ellos en su condición de personas. El accionar de las “Brigadas de Control de Trabajo” es el más claro ejemplo de ello.

Las mencionadas brigadas están compuestas por hombres que tienen la tarea de reprimir, a cualquier costo, a quienes atenten contra el orden social imperante. Existe una para el obraje y otra para el algodonal. Dentro de su “repertorio”, se contabilizan asesinatos, torturas y violaciones.

El miedo infundido por este cuerpo parapolicial, sumado a la ignorancia, la falta de comunicación, y las pésimas condiciones en las que viven estas personas (lo que implica, naturalmente, que no tengan ni tiempo, ni fuerzas ni recursos para intentar revertir la situación) son el verdadero origen de la calma y orden aparentes. La desinformación, los discursos turbios y demagogos, y el “hacer de cuenta que nada ha pasado” son otras herramientas fundamentales para los gobernantes.

El sector más perjudicado, como vimos, está integrado por aquellos que trabajan en la tala de quebracho y el cuidado del algodonal. La mayor parte de estos trabajadores son habitantes de Colonia Perdida, pero a ellos debemos agregar varios miembros de una comunidad qom (un pueblo originario, también conocido como “toba”) que vive cerca del pueblo.

Además de las mencionadas clases alta y baja, podemos vislumbrar un sector intermedio entre ambos. Se trata de los comerciantes y el resto de las personas que no trabaja en el obraje. En este grupo también debemos incluir al cura del pueblo. Sus integrantes tienen una vida “aceptable”, por llamarla de cierta forma. En general tienen buena relación con los más poderosos, lo que trae beneficios para ambas partes: para el intendente y los empresarios, significa recibir el apoyo de este sector, ya que al tener una vida relativamente buena lo único que quieren es que se mantenga el orden general (y esto, claro está, beneficia notablemente al sector más poderoso); para los comerciantes, por otro lado, implica que su voz tenga cierta consideración dentro de las decisiones tomadas desde la intendencia.

La llegada de Toño significa, tanto para dominantes como para dominados, un motor, una oportunidad de cambio. Oportunidad que, por otro lado, es altamente valiosa: Antonio es el primer visitante del pueblo en veintisiete años.

Ambos bandos tratan de ganarse la confianza del maestro, y ponerlo de su lado. El protagonista, desde el momento en que conoce el verdadero rostro de Colonia Perdida, tiene muy claro lo que siente y piensa, y no duda en qué vereda se va a ubicar; pero no está demasiado seguro de cómo ayudar para quebrar este orden. A partir de este momento, la historia girará en torno a la influencia que tiene Toño sobre sus compañeros, la manera en ha colaborado para devolverles las esperanzas, y la forma en que se rebelan los que por años habían sido simples resignados.

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Uno de los elementos que mayor valor literario aporta a la obra es la manera en que el autor ha elegido narrar la novela: el lector, a medida que se adentra en la obra, se encuentra dos historias narradas de forma simultánea. La primera, de la que más sabemos, es la que hasta ahora hemos introducido (la llegada del protagonista al pueblo y lo que de ello se desencadena). La segunda historia es la que relata el pasado de Toño, y recorre desde su niñez hasta sus treinta años, el momento previo a abandonar Resistencia. A partir de la segunda parte de la novela, ambas historias se van intercalando entre párrafo y párrafo.

Una parte considerable de la historia que relata el pasado de Toño se centra en su vida universitaria y política. En este punto, el autor toca otro tema histórico-social de peso en Argentina: el accionar de la dictadura militar que perduró en el poder entre los años 1966 y 1973. De alguna forma se traza un paralelismo entre las detenciones y torturas efectuadas por dicho régimen (el mismo Toño es víctima de ellas), con la forma de actuar de las brigadas de Colonia Perdida.

Volviendo al aspecto literario, debemos señalar que los tipos de narradores elegidos por Giardinelli ayudan aún más a “confundir” al lector. Además de los saltos en el tiempo, otro recurso es el de cambiar constantemente la voz que nos relata los hechos. Por momentos, una tercera persona que se queda con un personaje en especial (por lo general Toño); más adelante, nos encontramos dentro de la mente de otro personaje, esta vez relativo a la segunda historia (la madre, la novia).

De esta manera, uno debe ir como recolectando, juntando todas las piezas y todos los testimonios que se ofrecen. Cualquier desconcentración puede significar perderse una información clave para entender tanto el desarrollo de la novela como la historia del protagonista. En este aspecto, el método utilizado por el autor se asemeja al de otros argentinos, como Marco Denevi en Rosaura a las Diez, e incluso el de Manuel Puig en Boquitas Pintadas.

Habiendo desarrollado brevemente los contenidos de la novela (la introducción hacia los personajes y hechos), los momentos o situaciones históricas que revela (la pobreza en la que vive mucha gente del norte argentino, y la “Revolución Argentina”), y ciertos recursos que utiliza el autor para armar y diseñar el relato, nos detendremos por último en algunos planteos o reflexiones propios de los personajes.

Se trata de cuestiones más individuales, subjetivas, pero que no dejan de estar profundamente relacionadas con el cuadro político-social. A lo largo de la novela distintos personajes piensan y conversan acerca de asuntos filosóficos y existenciales. Por ejemplo, uno de los más evidentes es el tema de la soledad (la que siente Toño, o la que describe Palacio en las primeras páginas), que se conjuga también con el de la quietud o pasividad (propia de los habitantes del pueblo).

Y sostengo que todo esto se relaciona con el ambiente social porque, como podemos observar, el orden, las jerarquías y funciones de cada sector determinan o influyen claramente en la vida de cada individuo. Está a la vista que las condiciones en las que viven los hacheros y aborígenes (que es una cuestión sociopolítica) no contribuye para nada en que éstos, como individuos, tengan por ejemplo deseos de buscar una vida mejor. Ni deseos, ni medios para concretar dicho cambio. Son unos pocos los que, al menos, consideran la posibilidad de llevar a cabo medidas de protesta (Quirurgo Gauna, Enrique Rojo).

Podemos sostener, en definitiva, que ¿Por qué prohibieron el circo? es una obra totalmente comprometida con la situación social de la Argentina; y, por otro lado, una compleja red de discursos y testimonios, que dificultan y al mismo tiempo atrapan al lector. Los personajes presentes, cada uno con sus convicciones, intereses y pasado completan lo que, desde nuestro punto de vista, es una excelente obra de arte.

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paisaje del monte y selva, provincia de Chaco (Argentina)

“De la Infancia” (Hermann Hesse): Los recuerdos de la niñez, y la ilusión perdida

Esta semana elegí otra obra de Hermann Hesse, titulada De la Infancia. Fue publicada en la antología llamada Cuentos 1, en 1903. A la misma colección pertenecen, entre otros tantos, los ya tratados Karl Eugen Eiselein y El alumno de latín.

No sabemos demasiado acerca del protagonista. Ni siquiera su nombre. Tampoco qué cosas hace, le interesan ni a qué se dedica. Sin embargo, lo único de lo que podemos estar seguros es que se trata de una persona relativamente madura (treinta años, quizá). Y, claro, lo que nos cuenta acerca de su niñez.

Los recuerdos de la infancia del protagonista (como revela el nombre de la obra) constituyen casi la totalidad de lo narrado. A dichas memorias, debemos añadir los sentimientos y consideraciones que provoca al personaje volver, aunque sea sólo por unos instantes, y desde las limitaciones de la mente, a aquel mundo que hoy le parece tan distante.

En esencia, los hechos a los que el protagonista vuelve son aislados y difusos, y se confunden unos con otros. Porque como él mismo observa, la infancia es eso, un recuerdo, más o menos lejano, de magia y simpleza. Cosas pequeñas, que llaman la atención, y que un instante después son reemplazadas por otras, tan simples como las primeras; y que en definitiva constituyen el mundo del niño.

“Es un pequeño recuerdo, o dos, o tres; pero ¿quién contaría las experiencias, las excitaciones y las alegrías que un niño descubre en las piedras, en las plantas, en los pájaros, en los aires, en los colores y en las sombras, entre una hora que suena y la siguiente, y las vuelve a olvidar en seguida, y sin embargo las transfiere a los sucesos y a las transformaciones de los años? Una determinada tonalidad del aire en el horizonte, un ruido insignificante en la casa, o en el huerto, o en el bosque; la visión de una mariposa o cualquier perfume fugaz suscitan en mí a menudo, por unos momentos, nubes de recuerdos de aquellos tiempos lejanos. No son recuerdos claros ni individualmente diferenciables, pero todos llevan el mismo aroma delicioso de entonces, porque entre mí y cada piedra, cada pájaro y cada arroyo existía una vida y una compenetración íntima, cuyos residuos me esfuerzo celosamente por conservar”.

La nostalgia resulta, en muchos casos, inevitable: la inocencia propia de los chicos, junto a una imaginación intrépida, y a un ambiente relativamente propicio (este es el caso del protagonista) hacen de este tipo de recuerdos un tesoro de inmenso valor, una de las cosas más bellas que el hombre puede poseer.

Las reflexiones hechas por nuestro protagonista, ya adulto; sumadas a las consecuencias de la enfermedad que sufre Brosi (el amigo de la infancia) componen, desde nuestro punto de vista, la parte más valiosa de la obra. Sin ellas, tendríamos en frente un simple relato acerca de la vida de un niño.

La historia aquí narrada tiene también matices más tristes: como comentamos, la grave enfermedad que sufre su mejor amigo, y lo que de ella se desprende. Sin embargo, el autor logra mantener todo el relato tal como un niño lo hubiera vivido: los detalles desagradables son desconocidos para el chico, y los momentos oscuros son relatados con la más cruda inocencia. La inclusión por parte del autor de este hecho ayuda aún más a generar en el lector este ambiente de inocencia, de lejanía.

Sólo ahora (me refiero al tiempo presente de la narración), este hombre conoce y entiende completamente, y en buena medida la melancolía con que recuerda aquellos días se debe quizá a esa inocencia, o más bien al darse cuenta de que, con el paso de los años, ha perdido aquella inocencia.

Tal vez sea eso, entonces, lo que suele envolver con un halo de magia y misterio a la niñez. El hecho de darnos cuenta de que perdimos la inocencia, la ingenuidad incluso, y de que dejamos de ver la magia. Tal vez sea, también, el hecho de saber que difícilmente podamos volver a sentir y a mirar con aquellos ojos el mundo que nos rodea.

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Análisis de Gravity: El espacio según Cuarón.

El director mexicano Alfonso Cuarón, es uno de los directores mexicanos más reconocidos internacionalmente. En su último filme, “Gravity”, busca explorar la naturaleza humana bajo situaciones límite, a través de dos personajes (que abren y cierran el elenco de Cuarón).

Siendo una película con algunos principios de cine independiente (bajo costo y corta duración), este filme se centra en dos elementos principales: la provocación del espectador, y la estética que se puede lograr con las herramientas de Cuarón . Siendo estos los objetivos del director, veamos que tal lo ha logrado.

Para lograr el primer objetivo, se requiere de un ritmo narrativo sofocante. Para entender esto, podemos contraponerlo a filmes como, “2001: Odisea del Espacio”.  Cito aquí una escena del filme, para que se note el largo aliento que da Kubrick a sus escenas. El despliegue visual de Kubrick es más bien psicodélico, mientras que el de Cuarón es realista, pero ese no es el punto. Lo importante es la diferencia entre el manejo de la economía del relato, de una película que dura 161 minutos, como la de Kubrick:

y una que dura 91 minutos, como Gravity:

Una es éxtasis visual llevado a su más larga expresión mediante imágenes psicodélicas, la otra, es pura acción y movimiento.

La velocidad de este filme es rápida a tal punto que el espectador nunca tiene un descanso de la tensión. Vemos que casi la totalidad de la película transcurre en una sola escena, donde no se da una presentación de los personajes, ni profundización en la psicología de los mismos, ni se enmarca una visión particular de una situación o ambiente. El director maneja la economía de su filme ocupando tiempo solo en la producción estética, y en la provocación.

Cuarón alterna estos dos motores en dos tipos de secuencias: la primera es la secuencia “lenta” (nunca llega a la inmovilidad de “2001: Odisea del Espacio”), cuyo principal componente es el estético: Cuarón utiliza tecnología avanzada y excepcional para crear su universo, lo más fiel posible al real. Sin duda, en cuanto a la producción de un ambiente espacial y su tratamiento, este filme es un nuevo paso en la evolución de la representación del espacio (nota aparte: me gustaría ver que, así como Cuarón siguió los pasos de Kubrick en este aspecto, algún director lo hiciera con Jurassic Park de Spielberg) .

El director busca generar el efecto de mayor realismo posible. Algunos críticos han dicho que esta es una de las experiencias más cercana a estar en el espacio, mientras que otros, como Neil DeGrasse Tyson realizaron un análisis más puntilloso (link a la crítica, cortesía de http://www.ecartelera.com/). El director, sin embargo, no deja de resaltar, subjetivamente, una serie de principios que ayudan a generar el efecto de tensión y desesperación en el espectador. Estos principios, suerte para mí, son simplemente enumerados en el inicio de la película: se trata de las condiciones que hacen imposible la vida en el espacio (aquello que hace al espacio amenazante), y además, un rasgo del espacio que el director prima sobre el resto, muy productivo a la hora de generar terror: en el espacio no hay nada que transporte el sonido.

Dichos elementos se aplican en el segundo tipo de secuencia: la secuencia de alternancia, la que genera el shock,  la que da a la película su componente dramático y su suspenso: la claustrofobia y la sensación de ahogo son dos objetivos iniciales del film (si esto es lo que les llama la atención del filme, les recomiendo Buried, de Rodrigo Cortés). Digo de alternancia, porque vemos en estas escenas, un silencio absoluto interrumpido bruscamente: el efecto de shock, la sorpresa.

En cuanto al argumento, hay que decir que este es, muchas veces, el medio por el cual las sensaciones fluyen. El argumento de este filme no es la excepción. Dicha historia permite un despliegue visual muy amplio y también, facilita al director el generar las sensaciones antes nombradas. Por lo tanto, es un argumento que responde a ciertos objetivos, una herramienta del director más que un pilar de la dirección.

En cuanto al aspecto visual cabe destacar ciertas herramientas tales como: el manejo de las distancias (produce la sensación de la inmensidad del espacio), la grabación desde la primera persona (produce un efecto de realismo y de compartir lo sentido por el personaje), la oscuridad (también mejora el efecto de inmensidad), la luz (que se relaciona a la seguridad y la tranquilidad), los primeros planos (enmarcan los gestos faciales con mucha mayor contundencia), entre otros. Vemos que el director saca provecho de la cámara y, en este caso, de la computadora también, para hacer un despliegue visual avasallante.

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Como la mayoría de las películas de Ciencia Ficción, la concepción de la vida espacial en Gravity no podría haber sido posible sin Kubrick y su Odisea. Su visión del espacio y sus características, contrastante a la realidad física de la tierra, fue innovadora, y marcó la visión de los directores siguientes, como por ejemplo Cuarón. El director mexicano realiza varias referencias a la obra de Kucrick para explicitar esta deuda.

Cortesía de Posts & Chips

Cortesía de Posts & Chips

El tema que se trata es la actitud que se toma ante la muerte, su aceptación o su negación. Ambos personajes presentan diferencias en esta aceptación. Aunque este no fue el elemento que más captó mi atención en el filme (me parece que esta pobremente realizado, debido a la falta de profundización en los personajes, que hace que sea dificil que el espectador realice una catarsis certera), es un elemento que está presente y es acompañado por la tensión.

Tenemos, en resumen, un filme incompleto por su falta de profundización de los personajes (creo que este aspecto en parte fue un sacrificio que tuvo como objetivo lograr una economía de la duración de la obra), pero sin duda un punto importante en la evolución de la representación del espacio y la más grande joyita del director.

Para otros puntos de vista sobre la película:

-Para una mejor opinión sobre la función 3D: http://newsyep.com/2013/11/18/gravity-3d-2013-review-by-sivakumar/

-Para una visión acertada y feminista sobre el filme: http://lisathatcher.wordpress.com/2013/12/01/gravity-alfonso-cuaron-retells-kubric-and-tarkovsky-in-a-feminist-reading-film-review/

Le voyage dans la lune: El primer Sci-Fi.

De nuevo de la mano del grupo de Demasiado Cine les traigo un “corto” emblema en la historia del séptimo arte.

No estoy seguro de que todos hayan escuchado sobre el primer Sci-Fi de la historia, pero confío en que la mayoría conozcan la peculiar imagen de la luna con un cohete en el ojo izquierdo.

Georges Méliès fue uno de los padres de la cinematografía de hoy en día. Nació en Paris en 1861, y filmó durante su vida muchas obras cumbres por su importancia.

Una de estas obras es el primer “largometraje” de Ciencia Ficción. Viaje a la Luna fue realizado en 1902 y relata la travesía de un grupo de astrónomos al satélite.

Este corto no solo es una pieza invaluable, si no que da pruebas de la inminente curiosidad del hombre hacia los fenómenos desconocidos del cosmos. Además, sienta las bases de un estilo de filmación, dedicado a contar una historia.

Georges Méliès

Sin más presentación se los dejo. Disfruten:

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