Me inscribo en esta puta falta. Idiota e insalubre innata sensación de vacío. Falta que ya no es falta. Agujero sin restos, suplente sin titular, estupidez humana, insoportable cosquilleo que pica y pica y pica y pica.

Horrenda sensación de que falta lo que falta ¿Qué falta? nada y todo falta.

 

Divinos los momentos donde me rompen el aislamiento a cachetadas. Hermosos instantes donde el contacto del otro y de lo otro despeja esa estúpida tormenta que ya es costumbre. Soñados esos segundos de descanso de ese eterno infierno que pintó Dante. Agradecidos los besos y abrazos de ese amor que, ante todo, consuela.

Absurdo.

Ciego y loco hacia el sol, en ese eterno campo, hacia eso que es sueño, canto.

Vives y sueñas el trabajoso rotar de los planetas.

Maravilloso amoroso doliente y terrible ser.

Dices ser quien el Egeo violó impune

quien al Vesubio se arrojó

tú, insolente

que desprecias el centellear de infinitos cielos,

como breves pulsos

que empiezan terminan

todos ante tu absurda potencia.

A ti, loco, te rezo.

¿Quién soy?

¿Quién soy yo?
¿Quién soy yo para acostumbrar y despues sacar?
Quién para alegrar y quién para entristecer.
Quién para darle vida a la única flor del campo y quién para abandonarla después.
Quién para sembrar y quién para olvidar.
Quién soy para ejercer, motivar, tocar, trascender, convivir, oscurecer, esclarecer, sanar o enfermar.
Quién soy para romper una linealidad, para violar una tranquilidad, para saquear ese tesoro tan preciado que es la paz.
Quién soy para decidir y gobernar
Quién para otorgar y quién para quitar.
¿Quién soy yo para cambiar el curso de los astros?
Qué poder se violenta dentro de mi, en intensas explosiones, danzando en un ciclo de vida inocente y dañino, fulgor de eternidades.

Mi alma se revuelca entumecida por esta maldición, la misma que ataca a todos y la misma que todos soñamos tener.

Ojala el cielo me perdone.

No soy nadie.

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