Sherlock y la ruptura del verosimil.

Cada género, ya sea literario o cinematográfico, plantea una serie de reglas, temas y circuitos narrativos.  Así por ejemplo, el género romántico plantea un desarrollo narrativo estructurado: comienza la relación, conflicto de la relación, solución del conflicto. A dicho esquema estamos acostumbrados cuando vamos a ver un filme romántico.

Así también, cuando vamos a ver un filme que sabemos que es de ciencia ficción, nos preparamos para la posible aparición de aliens, futuros distópicos e inteligencias aritficiales. Nosotros aceptamos que la pantalla nos muestre un universo donde una máquina vuelve del futuro para eliminar a una persona, o donde existe una raza alienígena que vive entre los hombres y planea destruírnos.

De esto trata la verosimilitud. El artista tiene la posibilidad de crear universos con leyes autónomas y con posibilidades adversas. No está obligado a respetar los principios de nuestra realidad, en otras palabras, no necesita ni quiere hacernos creer que lo que vemos es real.

Lo verosimil funciona porque nosotros aceptamos que ese universo ficticio no se corresponde con el nuestro, y que por lo tanto, no podemos aplicar nuestras leyes en él. La verosimilitud configura la autonomía del relato ficcional.

Un caso muy particular del tratamiento del verosimil es el género policial. Cuando nosotros vemos un filme de este tipo se nos plantea una cuestión: ¿Cuáles fueron las circunstancias del crimen? Quién, cómo, cuándo, dónde, por qué. A partir de esta pregunta el espectador adopta el papel del detective, intentando deducir racionalmente los acontecimientos y razonar posibles respuestas a estas preguntas.

Sabiendo esto, alguien que busca crear una historia de trama policial intentará mediante todas sus herramientas confundirnos. Si el asesino es predecible, entonces la historia pierde su sentido y su atractivo.

Partiendo de esta estructura inicial, los autores pueden jugar con las oposiciones, causalidades y momentos antes planteados. El éxito de un filme policial pasará por la capacidad del guionista de romper con esta estructura, es decir, de hacer del desenlace algo impredecible. Entonces podríamos decir que el verosimil del policial es violar su propio verosimil: cuando nosotros nos enfrentamos a un filme policial esperamos ser incapaces de predecir lo que ocurrirá, esperamos poder sorprendernos, esperamos que nuestra idea de lo que un policial es -nuestra concepción del verosimil del género policial- sea transgredida.

La serie inglesa Sherlock, creada por Mark Gatiss y Steven Moffat, y protagonizada por Benedict Cumberbatch y Martin Freeman, triunfa debido a la constante violación del verosimil policial. Respeta la única regla a la que cualquier policial está atado: no revelar al culpable, intentar despistar al espectador.

SHERLOCK

Mientras que otras obras de temática policial han errado a la hora de realizar esta máxima -involuntariamente, ya que si se hace voluntariamente y con un objetivo transgresor, es siempre productivo-, los escritores de Sherlock han sabido mantener una cuota de suspenso y sorpresa para nosotros, los espectadores, aún en su complicado universo de mentiras y conspiraciones.

El característico personaje de Holmes problematiza la conexión entre el espectador y el detective -puesto que nosotros no nos imaginamos siendo Sherlock, sino que él es un personaje que se encuentra en otro plano intelectual, una suerte de superhombre- desviando dicha identificación hacia Watson. Este efecto, presente desde los primeros libros de Doyle, implementado con inteligencia -en Sherlock se da una ampliación de esta diferencia- e interpretado por personajes con química y actuación natural -que es el caso de Cumberbatch y Freeman- da como resultado una reinvención pop muy entretenida.

En el equilibrio en el manejo del verosimil yace el éxito del género policial tradicional. Digo tradicional porque existen otros autores que han manipulado la estructura y las reglas de este género al punto de invertir la mayoría de sus presupuestos, creando mutaciones sorprendentes. Es el caso de La muerte y la brújula, de Borges, o el de Beyond a Reasonable Doubt de Fritz Lang.

Fritz Lang.

Fritz Lang.

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Análisis: Her (2013).

El amor condenado.

Desde los verdes ojos de Theodore, que camina siempre nostálgico por la calle, observamos y escuchamos cientos de voces que hablan y miradas que no se cruzan. A lo lejos, inmensos rascacielos crecen componiendo la sobria imagen de una ciudad perfecta. Esos ojos que bailan el ritmo de esta ciudad fantasma se preguntan si no hay nada más que sentir en este mundo.

Joaquin Phoenix (el más odiado Cómodo, en Gladiador) nos trae ahora un personaje entrañable por sus cualidades: timidez, melancolía, soledad y sensibilidad colorean el rostro vacío de Theodore.

Como todo escritor, Theodore proyecta en sus cartas la vida y los sentimientos de otra persona. En el breve lapso en el que las escribe, imagina que es esa persona y experimenta en gran profundidad su alegría o dolor. Actúa en su mente cada escena, cada imagen, cada abrazo, beso, despedida y encuentro, y en su mente se produce un eco de belleza que no le pertenece.

Theodore existe en este espacio en el que entra toda persona solitaria: olvidándose de su exterior, sumergido en sus deseos banales y su falta de conexión, el protagonista se encuentra en un limbo, inmovilizado y desganado.

De repente, conoce a Samantha, y ella lo hace feliz. El problema es que Samantha no es humana, es un Sistema Operativo, una creación del hombre.

HER

A partir de este conflicto el director pone en juego una serie de prejuicios sociales. Se propone sembrar la inseguridad en el espectador utilizando el conflicto moral que atraviesa esta relación.

El desafío del director yace entonces en generar una química entre Theodore y Samantha, teniendo en cuenta que su relación solo puede limitarse a las palabras (y Jonze siempre apuesta por la aprobación y funcionamiento de la relación). De la naturalidad de este enamoramiento depende la credibilidad de toda la historia y la posterior trascendencia del conflicto inicial.

¿Es Samantha un ente capaz de amar? El filme juega constantemente con las dos respuestas posibles, que se presentan en nuestra mente y disputan un terreno de prejuicios, principios morales y concepciones tradicionales.

Aprovechando algunos fantasmas que trae la perpetua evolución tecnológica (el imaginativo de Jonze en cuanto a progreso de la interacción y desarrollo de la comprensión de la tecnología es innovador), el director aprovecha para investigar las posibilidades de la conciencia artificial y la independencia robótica.

El argumento se desarrolla con especial armonía, dedicándose enteramente al interior de Theodore (en un principio), a su relación con Samantha, y a medida que ella evoluciona, también en la propia psicología del SO.

Casi toda historia de amor respeta una linealidad argumental básica, que sirve para generar una verdadera conciencia de la relación en el espectador. Antes de la relación; comienzo de la relación; conflicto de la relación; resolución final. A partir de dicho modelo narrativo nosotros podemos identificar la evolución de la psicología de un personaje a medida que la relación avanza. Contrastando las distintas etapas del amor vemos la consecuencia que dicha relación ejerce sobre el personaje.

El éxito de Spike Jonze en este filme no radica en que intente violar el esquema genérico del romance. Así tampoco el del filme de ciencia ficción (el director no olvida uno de los papeles más importantes que cumple este género, que es el de cuestionar la evolución de la humanidad y la tecnología).

Jonze triunfa al saber crear una atmósfera muy definida (temas melancólicos, como los de The Breeders, o Arcade Fire, color atenuado y suave), al plantear sutilmente las diferencias de Samantha (que en un principio son carencias) y también creando una química perfecta entre ella y Theodore (un diálogo inteligentemente escrito, que une a ambos personajes en las mismas dudas y los impulsa en un mismo amor por la vida).

Lo que obtenemos de un filme como Her, es una narración romántica clásica que, así como otras lo han hecho, se replantea al amor como concepto artificial, a la evolución de la psicología social respecto a las relaciones humanas, a los límites del ser y de la conciencia y a las disputas que surgen de una inevitable y cada vez mayor independencia de la tecnología.

Un filme que sabe delimitar su alcance, que se nuclea en la relación amorosa que representa pero que sutilmente sugiere las angustiantes circunstancias de la sociedad en donde dicha relación se da, y de la cual Samantha y Theodore son representantes. La cristalización y el acabado del universo es, en este sentido, excelente. La linealidad misma del filme y su perfecto equilibrio en la economía de escenas refleja este rasgo.

El amigo alemán – Un amor politizado.

¿De qué va la película?  Una relación entre una hija de inmigrantes alemanes judíos (Sulamit) y un hijo de inmigrantes alemanes nazis (Friedrich) quienes se conocieron en la Buenos Aires de los años 50. La historia transcurre entre los cambios políticos en la Alemania del 68 y de la dictadura militar en la Argentina.

La sinopsis puede, a simple vista, parecer simple pero no lo es. “El amigo Alemán” es una historia de amor contada a la perfección. Los ideales y los sentimientos son dos conceptos que batallan dentro de los personajes a lo largo de la historia. Significativos momentos históricos de nuestra cultura se ven reproducidos con una veracidad impecable. Gracias a esto la película no se hace “difícil de ver” ya que uno logra emparentarse con lo que acontece en el paralelismo de los personajes.

Sulamit, interpretada por Celeste Cid, es una  hija de inmigrantes judíos que lucha por subsistir al hostigamiento recibido a causa de su carácter., un carácter a través del que proclama hacer oír su voz por sobre las mentes conservadoras que la rodean. La belleza y la actitud de Celeste le brindan cierta unicidad al personaje. Uno como espectador logra ver reflejado al amor en su mirada.

Friedrich, interpretado por Max Riemelt, es un hijo de inmigrante alemanes nazis cuyos ideales “revolucionarios” se anteponen a su amor por Sulamit. Este actor alemán es conocido por su actuación en la película “La Ola” (Die Welle), donde demuestra sus aptitudes como actor. Sin embargo, su talento no logra ser proyectado a la perfección ya que su voz se encuentra doblada cuando habla en castellano. Aun así, hizo un gran trabajo.

También quiero hacer énfasis en la actuación de los jóvenes actores que interpretan a Sulamit y a Friedrich en su niñez ya que con su corta edad lograron representar al amor durante su florecimiento. Todo el reparto brinda una actuación sobresaliente que funciona como parte del rompecabezas formado alrededor de la relación entre los protagonistas.

La directora alemana Jeanine Meerapfel tuvo la ardua tarea de representar a un país (Argentina) que le ha sido ajeno a su realidad y lo hizo a la perfección. Las locaciones fueron muy bien elegidas, haciendo que la cinematografía sea de una belleza notable. La historia esta muy bien narrada. Es una historia de amor, poco convencional, en la que los ideales batallan por sobre la relación.

El único problema con el que me encontré al verla fue el doblaje. Ciertos actores sufrieron un doblaje necesario en su voz. Por ejemplo, la voz doblada de actores argentinos cuando hablan en yidish. Mas allá de eso, “El amigo alemán” es una gran película con un guion muy emotivo repleto de amor. Recomendable.

Trailer: http://www.youtube.com/watch?v=bBOJjHHyyDw

Análisis realizado por Manuel Gimenez. 

The Notebook – La belleza es finita.

Ryan Gosling ha sabido acceder a varios proyectos que le han dado fama de buen actor. Tal ves la expresión no sea su fuerte en este filme particular, pero realiza un trabajo excelente a la hora de transmitir lo que Cassavetes busca, sea transmitido por el hombre en esta película.

Este tipo de narraciones conjugan tanto una belleza natural hacia la vida y un siempre presente “dejavú”, plegado sobre la cara de los dos personajes principales, de la pareja, del hombre y la mujer, que, como dice La Renga, unen sus almas y le dan vida a esta triste canción de amor.

Nick Cassavetes

Tal ves, muchos amargados, como es mi caso, caigamos siempre en el viejo dicho de “esto ya lo vi” o  “no hay mucha innovación”. Sin embargo, con este filme he aprendido que la innovación, además de yacer en el laburo del director y los actores, está en cada uno. Las historias son contadas con un objetivo: el de retumbar en nuestra cabeza, el de enseñarnos y a veces, el de generarnos conflictos muy jodidos.

En este caso, el argumento entrelaza suavemente dos épocas, lo cual nos familiariza más con los personajes. Los sentimos más proximos, más reales, más palpables, porque sabemos, no solo que vivieron, si no que viven.

Noah es un chico de campo, sin mucha educación, sin un futuro fijo, y con un solo ideal de vida: la libertad como fuerza. En la otra cara de la moneda esta Allie, una joven adinerada y educada.

Los dos se conocen durante un verano, y por un giro de clásica tragedia social, son separados, por sus diferencias.

Toda persona que alguna ves halla mirado este tipo de filmes, o leído una historia de este índole, sabe que la tragedia romántica es un arma poderosa en las manos de un buen director/escritor. Cassavetes imprime un sello de originalidad en esta obra. Más allá de los planos de la laguna con el anaranjado sol atardeciendo, o los besos bajo la lluvia, o la simpleza atractiva de la casa de Noah, el hijo de John Nicholas Cassavetes estampa franca inteligencia, a la hora de provocar al espectador.

La historia de Noah y Allie es preciosa, pero infortunada a la ves. Esta contradicción es la que da frutos en nuestra mente. Lo efímero de la vida solo es visible cuando en ella se desarrolla el único sentimiento capaz de hacernos volar estando sentados: el amor.

Por esto, Diario de una Pasión no es solo una tragedia romántica excelentemente pensada. Es también una pregunta diaria. ¿Donde está la belleza de la vida? En todas partes. Y esta belleza es pasajera, bien lo relata Cassavetes. Está en nosotros encontrar tristeza o alegría en la historia de Noah, pero la enseñanza es el principio de un relato, y este nos enseña, entre otras cosas, que en la bella vida, todo termina.

Este filme puede, como todos, tener imperfecciones. Tal ves las más notables se encuentren en los transparentes rasgos de Gosling, o en algunos detalles que hacen a la historia demasiado predecible. Sin embargo, la empresa principal, la proyección de verdadera belleza y realidad, nunca se pierde, y el director logra que, para cuando el reproductor termina, abras los ojos y te desanimes, como cuando te despertás de un sueño fenomenal.

Por Franco Denápole .

Para Vale.

Midnight in Paris – Una comedia encantadora.

Woody Allen es un astro director de hollywood. Tiene una ámplia filmografía en la cual abarca interminables temáticas y una gran variedad de enfoques.

Midnight in Paris tiene una historia por demás peculiar y encantadora: Una pareja joven (Owen Wilson y Rachel McAdams) realizan un viaje a París, acompañando al padre de Inez en su viaje de negocios. Gil es un escritor que sueña con apartarse de Hollywood y triunfar con su nueva novela.

Una ves en Paris, Gil comienza a tener aventuras nocturnas, donde conoce figuras artísticas legendarias, como Ernest Hemingway o Scott Fitzgerald.

En un comienzo, Allen hace una introducción bellísima de París. Teniendo como fondo la bellísima melodía “Bistro Fada” de Stephane Wrembel, y haciendo gala de un filtro sepia que da una tonalidad cariñosa y amigable, Allen recorre la ciudad con su cámara, intentando captar el atractivo de la bohemia parisina.

Luego, se sumerge de lleno en un universo fantástico. En este punto, me sentí muy identificado tanto con el protagonista como con la historia. Siendo un arduo obsesivo de la literatura, el mundo de fantasía que Woody crea me es irresistible.

Mediante una serie de actores que no interpretan nada mal (me gustó mucho Kathy Bates como Gertrude Stein y Adrien Brody como Salvador Dalí) Allen hace tantear a nuestro personaje entre una realidad (el presente) y otra realidad alterna (el pasado), planteando las causas de un fenómeno que nos ocurre a todos: La insatisfacción respecto a nuestro presente. Todos queremos pertenecer a alguna época pasada o futura. Admiramos sus obras, sus personajes, sus fachadas o sus costumbres. Así, Adriana considera como la época cumbre de Paris a la Belle Époque, mientras que los artístas que existen en este tiempo añoran vivir en el renacimiento.

Este inconformismo constante es uno de los conflictos que el personaje de Owen Wilson debe enfrentar. Mientras tanto, se codea con literatos extraordinarios como Djuna Barnes o pintores como Picasso.

Mientras Allen crea la atmósfera de la época surrealista del arte parisino, no se deja llevar totalmente, si no que mantiene un humor leve y crucial que se manifiesta en una comedia delicada y relacionada con objetos de valor cultural.

Otro de los temas que se plantean (nunca falta en obras del neoyorquino) es el constante conflicto de amor que Gil busca solucionar, perdido en las calles de la ciudad francesa. Luego de conocer a Adriana (una encantadora Marion Cotillard) comienza a dudar de su relación con Inez, y su afición por la literatura y por la ciudad luz empiezan a apoderarse de su forma “lógica” de pensar.

Woody Allen nos trae una comedia cautivadora (nunca deja de ser romántica, ya que transcurre en París), que triunfa por su ambientación profesional y la innegable atracción de la sociedad europea de época.

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